viernes, 16 de julio de 2010

Irán: otra cortina de humo sobre el Golfo Pérsico

La reaparición de Fidel Castro de buen semblante y notablemente recuperado, no sólo trajo el tema de los presos políticos en Cuba sino que arrojó una alerta preocupante sobre la actitud de Estados Unidos en el Golfo Pérsico ya que el líder cubano denunció la posibilidad de un bombardeo nuclear sobre Irán.
Ya desde el vamos tenemos una paradoja: para disciplinar a un estado como el persa, que no acepta el control de las potencias sobre su actividad nuclear, se plantea la posibilidad de un bombardeo que incluiría armas atómicas. El premio Nobel de la Paz, Barack Obama, no acepta de buen grado que un país no se le cuadre. Las gestiones realizadas por Turquía y Brasil para fiscalizar la actividad iraní, que habían sido coronadas por el éxito diplomático, no fueron aceptadas por la Casa Blanca, mostrando una conducta tan fundamentalista como la que se le critica al líder iraní.
Por lo visto no es el plan nuclear de Irán lo que le molesta al poder norteamericano, sino la autonomía y la independencia que muestra Teherán frente a los planes de Estados Unidos para el área. Es difícil pensar que la política nuclear que lleva adelante el gobierno de Ahmadinejad, ponga en peligro o se le acerque siquiera al enorme arsenal atómico que todavía conservan los norteamericanos.
La diferencia entre Obama y Bush hijo es que el primero está buscando un ¨marco legal¨ para su intervención, para eso impulsó la condena del Consejo de Seguridad de la ONU, que aprobó la condena impulsada por los norteamericanos pero no en forma unánime, ya que ni Turquía ni Brasil aceptaron cambiar su postura acuerdista. Así la diplomacia norteamericana se encuentra con un escollo inédito: dos países aliados y menos desarrollados se rebelan contra su política.
Tal vez lo alarmante para los halcones de la Casa Blanca es que no todos se creen el cuento del eje del mal. Turquía limita directamente con Irán por lo que es difícil que vea con buenos ojos un gran poderío militar de Irán y Brasil quiere mantener a nuestro continente como zona desnuclearizada. El problema para Estados Unidos es que se resquebraja la unidad política del mundo occidental que viene dominando desde la Segunda Guerra Mundial a su antojo.
Los norteamericanos son conscientes de esto y no dejarán su dominio sin pelea. Además, si hay algo que no aceptan es discutir su política energética con nadie. Pese a los recientes fracasos, su poderío militar es indiscutiblemente superior al resto del mundo y podría destruir al globo terráqueo varias veces. Pero la esperanza es respaldar el camino que han tomado tanto Brasil como Turquía, para que en la Casa Blanca tomen conciencia que una intervención violenta sobre la vida de cualquier país del mundo es inviable.