lunes, 6 de mayo de 2019

Los Wikileaks y la hipocresía de la liberta de prensa


La excusa más habitual del intervencionismo yanqui, es la defensa de los valores democráticos. Y dentro de esos valores, brilla siempre la libertad de prensa como baluarte del Occidente liberal frente a la barbarie de otras regiones del mundo. Claro que cuando rasgamos apenas la superficie de este principio, vemos que enseguida tambalea, presa de los intereses de los bloques dominantes que no aceptan que se visibilicen sus prácticas oscuras
Asistimos a una escenificación clara de esta contradicción. Un gobierno servil como el ecuatoriano, hizo lo que sus patrones esperaban de él: levantó la inmunidad diplomática de Julian Assange quien espera ahora el castigo por mostrar el lado oscuro de los intereses cruzados de empresarios, gobiernos y periodistas.
Mientras en la Argentina asistimos impávidos a las revelaciones que involucran a fiscales, periodistas y ex policías devenidos en servicios de inteligencia, en el mundo asistimos a la persecución de una organización que se esforzó en mostrarnos a los ciudadanos de a pie, como se cocinan en secreto, tramas que tarde o temprano incidirán en nuestras vidas.
La red de Wikileaks reveló desde su nacimiento, más de 10 millones de documentos, que involucraron a dirigentes políticos sin direccionar esa información por el prisma de las pertenencias partidarias. Supimos así de las presencias habituales de dirigentes argentinos en la embajada norteamericana, a la espera de instrucciones o de ser evaluados, como vasallos de una autoridad que estaba más allá de nuestras fronteras.
En una época donde dominan los fake news, la prisión de Julian Assange es coherente con la decadencia de la libertad de prensa, un término que los hipócritas arrojan sobre sus enemigos externos, pero que generalmente no cumplen en sus propias tierras. Más ávidos por llenar sus bolsillos que por tratar que los pueblos estén bien informados.

martes, 16 de abril de 2019

Chile, otro globo neoliberal que se pincha


Una ola que parecía indetenible, cambió el color político de la mayoría de los gobiernos de América latina. El fuerte aliento que sopló desde Washington le dio soporte a la llegada de Macri, Piñera, Bolsonaro y Lenin Moreno, pero puestos los planes económicos en la cancha, ninguno de estos gobiernos logró mejorar la vida de sus pueblos, más bien, todo lo contrario.
                Tal vez uno de los menos publicitados, fue el fracaso del gobierno chileno, que encabezó, por segunda vez, Sebastián Piñera.  En el país trasandino, Piñera no recogió las enseñanzas de su primer mandato, y ya está consumando otro fracaso. Si bien los números económicos son muy superiores a los de Argentina, la curva de crecimiento chileno sufre una abrupto bajón, ocasionado por las medidas del ministro de Economía chileno, Felipe Larraín.
                 Para explicarlas las fallas, no prometen ni un segundo semestre ni hablan de Venezuela, sino que se excusan en un ¨sobredimensionamiento¨ de las expectativas de los agentes económicos, es decir, siempre la responsabilidad es de los otros y nunca propia.
                Pese a los sinsabores, las encuestas de opinión son parejas: la mitad de la sociedad aprueba y la otra mitad rechaza. El problema para Piñera es que no se avizora mejora en el corto plazo, lo que empuja al gobierno a volcarse sobre el tema seguridad, un clásico de los gobiernos que hacen agua en lo económico. Es así, que el problema Mapuche y la consiguiente represión, son usados para cambiar la agenda de los temas de discusión.
                Al igual que sus colegas latinoamericanos, la fortaleza política de Piñera se basa más en la desarticulación opositora que en la solidez propia. No se advierten grandes movimientos que logren poner en jaque al gobierno chileno, pese a sus malos resultados. La burocracia sindical está expectante y por ahora no se percibe un líder que protagonice la protesta y que otorgue una esperanza que los días de desesperanza, vayan a terminar pronto.  

lunes, 18 de febrero de 2019

Ruidos de guerra en el Caribe


Luego de un intento de golpe institucional que parece disolverse con el tiempo, Estados Unidos ya planea la variante armada para terminar con el gobierno de Maduro en Venezuela, y colocar allí un mandatario fiel a los mandatos de la Casa Blanca.
                Para consumar la intervención, los norteamericanos usarán su táctica habitual de provocar un ¨accidente¨ o ¨incidente¨ que les sirva como excusa para pasar al ataque. En este caso, el caballo de Troya pensado es la llamada ¨ayuda humanitaria¨ que ya se concentra en las fronteras de Venezuela para ser distribuida por supuestos ¨voluntarios¨.
                Sin embargo, esta serie de proceso que ya está en marcha, no anula una salida diplomática. Es sabido que habitualmente Donald Trump siempre golpea la mesa de negociaciones varias veces, para colocarse luego en posición de imponer sus condiciones. Así, pese a toda la parafernalia bélica, hubo ya una serie de contactos diplomáticos de alto y reservado nivel entre venezolanos y norteamericanos.
                Claramente, el autoproclamado nuevo presidente venezolano no da la talla para una misión tan engorrosa como conducir al país caribeño al destino que los yanquis pretenden para ellos. La Casa Blanca ya advirtió esta situación y no cierra la puerta a cualquier variante que le permita el objetivo de controlar políticamente todo el subcontinente.
                Esperemos que la experimentada diplomacia venezolana ayude a forjar algún tipo de salida negociada que calme a un tiburón norteamericano sediento de sangre. De lo contrario, pasaríamos de la tragedia de la emigración descontrolada, a las muertes de cientos de inocentes.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Trump sacó un empate que lo dejó en cancha


Las tan esperadas elecciones de término medio norteamericanas no dejaron ganadores claros. Cada uno de los contendientes resaltó sus triunfos y no habló de sus derrotas, pero hay una evidencia inobjetable: la fuerte campaña mediática en contra de Donald Trump no provocó la derrota del actual presidente norteamericano que muchos esperaban.
                Es que el jefe de la Casa Blanca tiene los números de la economía hablando a su favor. Hay más trabajo y menos desempleo, en el gran país del Norte. La política de defensa del mercado interno y la consiguiente guerra comercial con las otras potencias económicas, defensoras del libre cambio, por el momento le resultó positiva a Estados Unidos.
                Además, Trump cumplió con su promesa de reformar o desechar los tratados de libre comercio que no se adaptan a su filosofía. Lo hizo con el ex Nafta, que no solo cambió su sigla, sino también su sentido: el nuevo tratado exige que los trabajadores mexicanos de la industria automotriz pasen de ganar 4 dólares la hora a ganar 16.  De esta manera busca conjurar los desequilibrios ocasionados por las condiciones laborales de cada país. Algo parecido tendrá que pasar en nuestro Mercosur tarde o temprano.
                Pero así como despliega un buen andar económico, desbarranca en su política social al poner en marcha una gestión basada en el racismo y en una agresividad exacerbada.  Esto le ocasionó, desde el vamos, el rechazo de muchos ciudadanos de a pie, de gran parte de la colonia artística norteamericana y de gran parte de los medios de comunicación. Todos enemigos poderosos que horadan la popularidad de Trump.
                Con este panorama, es difícil predecir si el magnate logrará permanecer en Washington otro período. Dependerá de que la locomotora productiva no se detenga y, de que su carácter hostil no le siga sumando enemigos. La otra solución podría ser que comprenda que construir puentes es mejor que levantar muros, pero esto último suena altamente improbable.   

jueves, 1 de noviembre de 2018

Arabia Saudita: el aliado impresentable


El salvaje asesinato del periodista Kashoggi, puso en evidencia la ferocidad de un viejo aliado de Washington, encargado siempre del trabajo sucio en Medio Oriente pero extrañamente ignorado por la prensa occidental, que ahora no puede disimular la violencia generada por tantos años de impunidad.
                Mientras los detalles que trascienden diariamente se muestran cada vez más escabrosos, pocos medios occidentales les recuerdan a sus lectores y oyentes que la nacionalidad de los supuestos terroristas, que tan libremente circularon por los aeropuertos norteamericanos el 11 de setiembre de 2001, era saudita. Sin embargo, las represalias se dirigieron contra Sadam Hussein y compañía, que nada tuvieron que ver con el supuesto atentado a las Torres Gemelas.  (Decimos supuesto porque  son muchos los que sospechan de la verdadera autoría de esa masacre)
                 El motivo de esta impunidad, es que la vieja alianza entre Ryad y Washington nunca se vio interrumpida, sino que por el contrario, se incrementó con los años. Los árabes, junto con Israel,  son las dos patas que hicieron de soporte de las políticas de la Casa Blanca para la región. Es así que los árabes tuvieron un importante protagonismo en el Irangate y están llevando a cabo una feroz represión en Yemen, que curiosamente los medios mundiales ignoran.  Por muchísimo menos, Irak fue invadida dos veces, lo mismo que Afganistán.
                Pero difícilmente, el asesinato del periodista saudita, que conocía bastante los entretelones del poder árabe y que era corresponsal del Washington Post, interrumpa los costosos contratos que ligan a Estados Unidos con Arabia Saudita. Está en vigencia un  acuerdo por cien mil millones de dólares para la provisión de armamentos. Será por eso que las condiciones de sojuzgamiento en las que viven las mujeres del país es pasado por alto, aún en pleno auge del me too y de la agenda feminista.
                La muerte de Jamal Kashoggi puso en vilo a toda la diplomacia mundial y especialmente tensionó las relaciones entre Estados Unidos, Arabia Saudita y de Turquía, por ser este país el escenario del crimen. Sin embargo, lo más probable es que vuelen un par de cabezas visibles para que la situación se normalice y las cosas continúen como hasta ahora, ya que son demasiados miles de millones de dólares los que están en juego.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Brasil: el panorama electoral es tan confuso como su economía


La lluvia de encuestas enturbia un cielo electoral que parte oscuro desde el vamos. En Brasil, la cárcel sin pruebas del candidato mejor rankeado, el ex presidente Lula, disparó una campaña electoral que arrancó enrarecida y que puso su frutilla en el postre con el puntazo que recibió Jair Bolsonaro en plena recorrida partidaria por la calle.
                Desde estas páginas presagiamos que la inestabilidad política se instalaría en el vecino país si se concretaba la destitución de Dilma Rousseff. Los acontecimientos posteriores confirmaron el pronóstico. Pero esta misma inestabilidad, que no sólo no disminuyó sino que se incrementó con el paso del tiempo,  hace imposible vaticinar un futuro posible para el gigante sudamericano.
                Es que la economía no acompaña.  El presidente Temer nunca pudo consolidarse en el poder, y el único mérito que exhibe es que no lo  hayan echado. Una economía otrora floreciente, hoy señala permanentes caídas que la emparenta aún más con su socio argentino. El experimento de los presidentes anti populares, evidencia un agotamiento prematuro y un notorio perjuicio para los números de los países que lo aplican.
                Si bien los primeros números electorales arrojan un liderazgo del derechista Bolsonaro, la reciente renuncia de Lula y la unción de Fernando Haddad en su reemplazo, puso en carrera a un candidato del sector popular, que crece día a día y que tiene todo para seguir trepando en las  encuestas. Frente a esto el  establishment  brasileño no atina a respaldar a un candidato que lo termine de representar.
                Final abierto para unas elecciones que influirán en todo el continente y que, junto con las norteamericanas de medio término, marcarán el futuro posible de un experimento antipopular que hace agua por todos sus costados.

martes, 3 de julio de 2018

España se suma al desconcierto europeo


La salida de Rajoy de un cargo al que parecía atornillado, refleja que el viejo continente no sabe todavía de que manera afrontar  a un mundo en plena guerra comercial que ha perdido algunas de sus certezas.       
                El mundo unipolar, dominado por Estados Unidos ha desaparecido, y una batalla de bajo contenido bélico pero de gran contenido económico está reconfigurando a un mundo que no tiene a Europa como centro exclusivo de poder.
                Por el contrario de los tres principales contendientes, solo Rusia tiene parte  de sus raíces en suelo europeo, los otros dos, Estados Unidos y China consideran al viejo continente un mercado en disputa.
                En Europa emerge sólida la figura de Alemania, el resto mira azorado como los cataclismos políticos azotan sus plazas. Desde el Brexit, los ánimos políticos han cambiado y ya nada es tan sólido. La corrupción española se llevó puesto a un Partido Popular que parecía invulnerable a las cataratas de denuncias. En Italia, un gobierno racista llegó al poder y no dudó en empezar a aplicar sus recetas discriminatorias.
                Trata de emerger Francia, luego de que su líder, Macron, sobreviviera a un duro plan de lucha sinidical desencadenado por reformas laborales que se propusieron recortar derechos adquiridos de los trabajadores. Sin la contienda saldada, Francia navega todavía en la incertidumbre.
                Con este grado de conflicto larvado, nadie se anima a hacer un pronóstico sobre el devenir más próximo. Lo único claro es que nuestro planeta estará pendiente de los próximos movimientos de las potencias dominantes, que parecen conscientes de su poderío económico pero que saben que con eso no basta, para anular a sus competidores.