miércoles, 15 de julio de 2009

Honduras, avance de la derecha golpista

Los tiempos que siguieron al retroceso del neoliberalismo en América latina no fueron gratos para la derecha política y económica. El surgimiento de las figuras de Chávez, Evo Morales y Correa, sumadas a las más moderadas de Lula , Kirchner y Bachelet, constituyeron una ola política imparable que eliminaron de sus países muchas de las reglas económicas derivadas del consenso de Washington. Pero la experiencia en Honduras es una señal de que un golpe de estado, si es bien planificado, es posible.
En el caso de Honduras, el establishment parece haber aprendido la lección que dio Venezuela en el 2002. En ese año, un golpe de mano dado contra Chávez fracasó por la rápida reacción popular, y el mandato del empresario Carmona fue tan breve como un suspiro. Esta vez, todos los factores de poder hondureños se pusieron de acuerdo: Iglesia, Ejército y Empresarios se unieron y planificaron una fantochada constitucional que acabó con la fingida renuncia del presidente Zelaya, su rápido exilio o deportación y la inmediata asunción de Micheletti.
Las reacciones del resto de los países no se hicieron esperar. Todos repudiaron el golpe. Y el mismo presidente Obama tuvo que intervenir, pese a que muchos halcones del Pentágono ven con muy buenos ojos el cambio de mando. En el caso de los presidentes del Mercosur, no sólo ratificaron la política de no aceptar gobiernos ilegales, sino que se hicieron cargo del mensaje que esto implica: si esta modalidad de golpe de estado avanza, ninguno de los países latinoamericanos estará libre de esto.
Es que la derecha no renuncia a volver al poder de la manera que sea. Intentó el impeachment a Lula en el 2005, las sucesivas ofensivas agrarias y mediáticas contra el gobierno de Kirchner se propusieron lo mismo y las puede coronar el éxito en 2011. Ni que hablar de la despiadada lucha de los agentes de la medialuna boliviana contra Evo Morales.
Los efectos de la crisis mundial juegan su papel en esta situación. Si bien el impacto fue menor que en otras partes del mundo, la caída de la economía estrecha el margen de maniobra de los gobiernos latinoamericanos. Pese a esto el futuro está abierto y no todos los datos son negativos. La candidatura de Mugica en Uruguay como la de Dilma Roussef en Brasil puede ayudar a profundizar los cambios. Pero antes habrá que desempatar la situación hondureña. Que las fuerzas de la reacción sepan que no será gratis hacerse del poder por medio del engaño y la violencia.