miércoles, 17 de junio de 2009

LOS INDIOS PERUANOS FRENARON EL DESGUACE DE SUS TIERRAS

En nuestro continente, las multinacionales que explotan los recursos naturales tienen carta blanca para explotar nuestros recursos sin importar las consecuencias fatales para el medio ambiente que provoca dicha explotación. Esto pasa con la minería, el gas, el petróleo y también con las papeleras. Y se repite en distintos puntos de América del Sur. Ni siquiera el poderoso Brasil es ajeno a este fenómeno ya que su región amazónica se encuentra amenazada por la expansión de la frontera agropecuaria. Sin embargo, en Perú, una tribu indígena se hartó de la situación, se plantó con firmeza frente a las autoridades de su país y logró frenar unos decretos de Alan García que amenazaban con alterar para siempre su hábitat.
Se trata de los indios que habitan los parajes cercanos a la Ciudad de Bagua, en la región de Amazonas a unos 900 km de Lima. La modalidad de protesta elegida fue el corte de ruta, que fue cortada por casi 5.000 personas. Alan García no toleró la situación y ordenó desalojar el camino a sangre y fuego con un saldo de muertos y heridos inciertos hasta el día de hoy. El efecto de la represión fue inverso al esperado por las autoridades, ya que la protesta se amplió a las ciudades y las movilizaciones en contra del gobierno se reprodujeron, como un reguero de pólvora, por todo Perú.
Los decretos presidenciales que ocasionaron semejante movimiento, autorizaban la inversión privada para extraer el petróleo y el gas que abunda en la zona. Todo esto en el marco del tratado de libre comercio que el presidente Alan García firmó con George W. Bush. Pero no contaron con la resistencia de la tribu Awajún, tradicionalmente guerrera y que no pudo ser doblegada ni siquiera por los incas. Además poco pueden obedecer a unas autoridades que nunca se ocuparon de sacarlos de la extrema pobreza en la que viven, pese a que en 2008, Perú fue uno de los países que más creció a nivel mundial.
Los colectivos que agrupan a todos los pueblos originarios de la región salieron en defensa de sus hermanos reprimidos y asesinados por la policía. Así llegó la solidaridad desde Bolivia y Ecuador, y la fuerte crítica del presidente boliviano Evo Morales. Pero Alan García, rápido de reflejos, salió de punta contra Morales, buscando que un conflicto diplomático creado artificialmente distraiga a la opinión pública de su país y desvíe las protestas. Esto se comprende aún más, si se tiene en cuenta que la popularidad del presidente peruano está en franca declinación. Pero mal puede reclamar dentro del derecho internacional, un gobierno que ha violado los pactos firmados por Perú y su propia constitución, que protege la vida y la tierra de los indígenas.
La protesta exitosa sienta un precedente: se puede frenar el avance de las multinacionales, que emplean modalidades de explotación prohibidas desde hace rato en los países del primer mundo. Habrá que buscar ahora, que las protestas se articulen regionalmente y que no cuesten tanta sangre como en este conflicto.