martes, 17 de julio de 2012

Francia no quiere comprar la receta del ajuste


La ola ajustadora  en Europa se desarrollaba sin obstáculos por todo el continente. Grecia, España, Italia, Portugal fueron víctimas y muestras de las consecuencias recesivas del ajuste recetado por los centros de poder económico para enfrentar la crisis. Sin embargo, la ida de Sarkozy y el acceso de Hollande al timón de Francia, puso un paréntesis y también un signo de interrogación a la continuidad del vendaval neoliberal que azota a al viejo continente.
            Es que recién asumido, el líder socialista francés se encontró con una de las consecuencias visibles del parate: la automotriz Peugeot anunció miles de despidos. Pero a diferencia de sus colegas, Hollande consideró inaceptable las disposiciones de la empresa. Y lo que es más sorprende aún, dijo que el Estado francés no iba a jugar un papel pasivo frente al atropello. Esto en la Europa actual es casi revolucionario. Hoy los otrora poderosos del mundo decidieron entregar las llaves de sus países al FMI casi sin condiciones.
            Quienes defienden los despidos dicen que los costos laborales son muy altos, con lo que busca preparar el terreno para el cambio en la legislación laboral lo que hace la contratación de los trabajadores más barata y que siempre incluye la pérdida de derechos. Pero Hollande, a diferencia de Zapatero, parece no haber olvidado sus orígenes socialistas, y por lo menos propuso afectar otros impuestos para compensar la supuesta caída de la competitividad francesa.
            Además, y tal vez lo más sorprendente de este conflicto, el gobierno francés amenazó con investigar las ganancias de los empresarios franceses y averiguar cuánto cobran de dividendos.  Por lo visto, los socialistas franceses están mirando menos a Europa y más a América latina. Es lógico, son 8.000 puestos de trabajo los que se perderían. Un impacto demasiado fuerte para la economía de cualquier país y una pésima forma de iniciar una gestión de gobierno.
            Ahora habrá que ver como enfrenta Hollande las presiones internacionales que se le vendrán, sobretodo de Alemania, que de la mano de Angela Merkel se ha transformado en el fiscal del ajuste europeo. De movida el nuevo gobierno trató de desmarcarse de la gestión Sarkozy, pero el contexto no lo ayuda.  Hollande tendrá que construir poder para resistir las presiones que recibe y recibirá, pero no tiene otro remedio sino quiere pasar a la historia como otro socialista que entregó los derechos de los trabajadores.