martes, 6 de septiembre de 2011

Kadafy: de aliado a piedra en el zapato

En 40 años años de reinado fueron cambiantes las relaciones entre Muammar Kadafi y los líderes del poder Occidental. En los últimos años, el perfil de líder duro de un país rebelde se había diluido gracias a los pactos comerciales firmados con países europeos como Italia y Francia. Nadie en la prensa de los países desarrollados se preguntaba sobre la legitimidad del poder libio ni tildaba a Kadafi de dictador, mucho menos se hablaba de la concentración de dinero y poder que habían logrado sus hijos.
Sin embargo la sed del petróleo y la ambición de dominar su comercio sin trabas fue mayor . No sólo las empresas petroleras norteamericanas desean un control de los recursos libios sin control, también hay empresas de capital europeo que ambicionan explotar el producto del subsuelo de Libia. El perfil cambiante de Kadafi nunca terminó de convencer a los capitalistas del petróleo que pactaron con él más por necesidad que por convicción. Pero la llamada ¨Primavera Arabe¨ les dio la oportunidad perfecta de sacarse de encima a un líder imprevisible y molesto para sus intereses.
Por ahora todos los analistas se dedican a analizar el fin de la era Kadafi, pero pocos se detienen a intentar vislumbrar el futuro de Libia. Además pasan por alto la composición de las fuerzas rebeldes que pueden esconder en sus pliegues a militantes de Al Qaeda que el día de mañana pueden darle un fuerte dolor de cabeza a las fuerzas de ocupación o a un futuro gobierno libio. Pero por ahora los magnates petroleros se relamen con la conquista de un país tan rico en hidrocarburos. Tan optimistas son que el precio del barril estuvo en baja cuando se vislumbró el fin del poder de Kadafi. Poco importó que un país tan importante en la provisión de un fluido tan vital para el funcionamiento del mundo tenga su exportación paralizada por el conflicto. Libia tiene una de las mayores reservas petroleras del mundo, la mayor de Africa y sabemos que los intereses que responden a este negocio les gusta tener, como diría Tita, la sartén por el mango y el mango también. Una lección que el resto de los países del planeta no deben olvidar si aprecian su supervivencia