domingo, 16 de noviembre de 2008

Rusia pone su mirada sobre América Latina

Durante el reciente conflicto entre Georgia y Rusia, describíamos en este espacio, como los norteamericanos habían metido la cola para generar un problema que les permitiera estar cerca de los recursos petroleros de Asia Menor. Rusia, aprendiendo la lección de sus viejos enemigos, ha resuelto acercarse al más importante jugador energético de América latina: la Venezuela del comandante Chávez.
El modo elegido es mediante pactos diplomáticos y comerciales que vinculan a las dos poderosas petroleras estatales de ambos países: Gazprom, por parte de Rusia, y PDVSA, por el lado venezolano. Los rusos buscan así tener un aliado estratégico que tiene el control de las reservas petroleras más importantes de América. Chávez, por su parte, consigue un aliado en pleno renacimiento económico y militar, que le permite tener donde respaldarse frente a la creciente animosidad Norteamericana, que tiene en Colombia, el ariete con el que podría golpear a Venezuela, en caso de un conflicto armado.
Militarmente esta alianza tiene una expresión que sin duda ha sido notada con preocupación por las autoridades del Pentágono: además de venderle armamento a Venezuela, Rusia dispuso enviar una flota de guerra al Caribe, para realizar maniobras de entrenamiento conjunto con la flota venezolana. Así, Chávez responde al regreso de la IV Flota norteamericana, con otro regreso no menos polémico.
Igual lo de Chávez no es una política de golpe por golpe, ni un acto reflejo: en los últimos diez años, el mandatario venezolano visitó Rusia una docena de veces y compró armamento por 4.500 millones de dólares. El acuerdo Putín – Chávez es más una profundización de una política que el inicio de otra.
A los rusos poner un pie en el Caribe, les puede servir como un inicio para acercarse después a otros países como Brasil o Bolivia, que también poseen importantes reservas energéticas. Por otra parte, Rusia busca también colocar su tecnología en este mercado y explotar reservas mineras.
Esta por verse ahora si esta presencia rusa se transforma en algo permanente o es solo una jugada circunstancial de la diplomacia de Moscú, para advertir a sus pares norteamericanos. Tal vez si se consolida un mundo multipolar, con un leve debilitamiento de la potencia yanqui, los rusos se podrían quedar en nuestra región, lo que sería beneficioso desde el punto de vista económico. O puede acontecer lo contrario: que la Casa Blanca marque el territorio y obligue a Rusia a buscar otros horizontes. En estos momentos de incertidumbre económica y política mundial, todo es posible.