miércoles, 18 de noviembre de 2015

El previsible atentado en Francia

Azorados asistimos a los atentados en la capital francesa,  sorprendentes y violentos, que nos dejaron  a todos, inclusive a los que no vivimos en Francia, en un estado de incertidumbre y temor. Sin embargo, para quienes están en el tema del seguimiento al terrorismo, nada de lo sucedió fue sorpresivo, por el contrario, podría decirse que todo era previsible y sólo faltaba esperar el momento y el lugar.
Es que los propios mercenarios de ISIS vienen proclamando en las redes sociales que miles de ellos viajaron a Europa aprovechando la ola de inmigrantes que vienen escapando de las guerras en Oriente Medio. Teniendo en cuenta lo que gastan los países occidentales en seguridad e inteligencia, es poco creíble el argumento de que el atentado sorprendió a las autoridades francesas.
Si todo esto se sabía, el interrogante que surge espontáneamente es porque motivo no se tomaron las medidas para evitarlo. Una respuesta posible es incómoda pero no descabellada: tal vez se deseaba un atentado que justificara la posterior adopción de medidas represivas y bélicas, que en este caso contarán con el apoyo mayoritario de la población. En un ambiente pacífico, este tipo de medidas serían insostenibles e impopulares. Ahora los franceses tendrán su propia Acta Patriótica, similar a la alumbrada por Bush en Estados Unidos después del atentado a las Torres Gemelas
Ahora Francia tiene carta blanca tanto de su pueblo como de la comunidad internacional para intervenir bélicamente en Oriente Medio. Los bombardeos ya empezaron y se suman a los proyectos de sumir a esa región en el caos, favoreciendo los intereses de las potencias occidentales y prolongando la guerra en esa región indefinidamente.



jueves, 22 de octubre de 2015

Rusia interviene para pacificar Siria

A diferencia de las intervenciones generalmente arrasadoras y contrarias a la voluntad popular que suele realizar Estados Unidos cada vez que interviene  el algún punto del planeta, el bombardeo selectivo de los rusos sobre los campamentos del grupo terrorista Isis, fue el comienzo de la pacificación que anhelan Siria y todo Medio Oriente
                La aviación rusa no intervino como punta de lanza de otra invasión terrestre destinada a sembrar muerte y desolación en un país muy castigado, sino que,  por pedido del presidente sirio Bashar Al Assad, el bombardeo  se dirigió a frenar a una organización bélica que desestabilizó y arruinó la vida de miles de personas que ahora vagan por el mundo escapando de una muerte segura.
                Obama, viendo que los grupos armados por la propia inteligencia norteamericana se le fueron de cauce y no reportan beneficios estratégicos para su administración, monitorea y deja actuar a las fuerzas de Putin, ya que su acción no compromete a los intereses de Washington, y, por el contrario, evita la siempre riesgosa presencia de los marines.
                Atrás quedaron todas las operaciones destinadas a minar el poder y lograr la renuncia del presidente sirio. El remedio de los mercenarios musulmanes y europeos fue peor que la enfermedad y provocaron ese colapso inmigratorio que tan livianamente cubren los medios occidentales, que publican fotos armadas de cadáveres de niños pero que no hablan de los responsables originales del desastre
                El inteligente cambio de estrategia de Obama no necesariamente cuenta con el acuerdo de las corporaciones militares de su país, pero hasta ahora el mandatario estadounidense viene  escapando del síndrome del pato rengo gracias a una acertado cambio de política exterior, que sumó en pocos meses, el inicio del deshielo con Cuba, el acuerdo con Irán y la cooperación con Rusia.
                El próximo cambio de manos en la Casa Blanca no permite avizorar si este cambio se prolongará en el tiempo. Pero sería muy beneficioso para todo el mundo que Estados Unidos abandone el papel de gendarme mundial que viene ejerciendo desde la caída del muro de Berlín

jueves, 17 de septiembre de 2015

Escape a Europa

Pese a que los medios la describen como una especie de tragedia natural, la migración que afecta a miles de refugiados que invaden a Europa, era algo previsible y sólo faltaba un detonante que la hiciera explotar.
            Occidente está ahora cosechando lo que sembró. Todo arrancó en la época colonial, cuando una de las principales políticas de las potencias invasoras era dividir a los pueblos que sometían, para dominarlos con el menor costo posible. Lo hicieron los ingleses, los españoles, los holandeses y  los belgas en todos los territorios que ocuparon.
            Es así que aún cuando ya hace décadas que las potencias coloniales se retiraron de la mayoría de sus dominios, la división entre pueblos de un mismo país quedó marcada y llevó a grandes enfrentamientos y masacres. Uno de los casos más emblemáticos fue el de Ruanda, cuando la división entre las etnias tutsis y hutus llevaron a la muerte a miles de inocentes, que horas antes de los asesinatos eran vecinos.
            En el presente, la principal oleada inmigratoria está provocada por el grupo terrorista Isis, que actúa en un territorio que abarca a varios países. Este violento ejército no salió de la nada, sino que fue armado por la Casa Blanca para poner en jaque al presidente sirio Bashar Al Asad, que ya lleva cuatro años de resistencia.
            Ahora Alemania y Estados Unidos parecen desbordados por la situación y el resto de los países europeos cambian sus reglas de inmigración diariamente. El problema es complejo y debe tenerse también en cuenta que hay importantes organizaciones criminales que lucran con este problema, y que están obteniendo millonarias ganancias con el tráfico de personas.

             La muerte de Aylan le mostró al resto del planeta la gravedad del asunto e hizo tomar conciencia a la sociedad mundial que mirar de brazos cruzados no es una opción. Es difícil desarmar los intereses cruzados que llenan sus bolsillos gracias a la existencia de estas guerras de baja intensidad pero que demanda de gastos bélicos millonarios. Pero no deja de ser un avance que toda la sociedad mundial lo asuma como un problema a resolver lo antes posible. 

lunes, 17 de agosto de 2015

Ecuador: ahora van por Correa

El empeoramiento de la situación económica mundial, fue la señal de largada para tratar de jaquear a los gobiernos populares que surgieron durante la última década en América latina. Así, uno tras otros, gobiernos elegidos con el voto popular, son hostilizados por fuerzas que no fueron validadas por ninguna votación.
            Primero fue Venezuela, después siguieron Brasil, Argentina y Chile, y ahora le toca a  Ecuador, quien soporta una maniobra que busca terminar con el gobierno legítimo de Correa. Al presidente ecuatoriano se lo ve confiando, piensa que su enorme colchón de votos pondrá freno a la avanza golpista.
            Coordinados o no, un movimiento de pinzas converge sobre Quito. Por un lado, la izquierda anti extractivista, que si bien posee postulados justos, coinciden en salir a la calle en el mismo momento que lo hace la vieja derecha del Partido Social Cristiano, aquel de la vieja política que encarna, entre otros, el payasesco Abdalá Bucaram.
            El gobierno ecuatoriano de la Revolución Ciudadana se ha caracterizado por remover los cimientos electorales sobre los que estaba basado Ecuador. Es lo más lógico para un movimiento que se declara revolucionario y que además busca dejar atrás el Ecuador del atraso. Pero esto ocasionó resistencias a derecha y a izquierda, quienes salieron a cortar rutas y a marchar sobre la capital ecuatoriana.
            Si bien ningún partido opositor  hace alarde de tener apoyos internacionales, llama la atención la sintonía de métodos y momentos que existe entre estos ataques a Ecuador con los que suceden en el resto de Sudamérica. Si bien todavía no hay ningún país con un gobierno popular a punto de caer, crean un clima de efervescencia e incertidumbre, esperando una chispa que encienda el incendio definitivo.

            Hasta ahora, el fuerte liderazgo demostrado por quienes conducen los gobiernos latinoamericanos, ha evitado el éxito de los movimientos destituyentes. Ayuda también que la derecha continental carece, por ahora, de conductores fuertes. Pero eventualmente pueden surgir, y sólo podrán ser enfrentados por gobiernos basados en una amplia base popular.   

lunes, 20 de julio de 2015

Grecia tiene su caballo de Troya

Como si fuera una venganza milenaria del rey Príamo y del valeroso Héctor, los griegos están sufriendo en su piel un paquete económico traicionero que fue autorizado a entrar en su tierra por las propias autoridades del país.
            Pese a la resistencia valerosa del pueblo griego, sus autoridades decidieron no respetar el mandato popular y resolvieron ceder ante la prepotencia de las autoridades europeas encabezadas por Alemania.
            El partido de centroizquierda Syriza, pasó de encabezar una epopeya de la resistencia al ajuste en un débil partido que arrió todas las banderas y que tendrá que ser muy hábil para conservar el poder ante el rechazo de sus votantes.
            Ahora Tsipras pasó de ser comparado con Kirchner a transformarse en un De la Rúa griego. Deberá enfrentar ahora las manifestaciones de un pueblo disconforme al que costará mucho hacer salir de la calle. El Gobierno griego se dejó atropella por la máquina alemana que conduce Angela Merkel, que acorraló a los gobernantes helenos hasta hacerlos firmar lo que horas antes denunciaban como intolerable.
            Pese a esto, el bloque de poder sufrió algunas grietas provocadas por este permanente tira y afloje. Hasta el propio FMI criticó el convenio por no incluir una quita importante de la deuda. Merkel ganó perdió aliados en el camino. Francia e Italia también comunicaron sus reservas sobre el tratado.

            Grecia perdió su soberanía económica en el altar del euro. Esta vez la Unión Europea logró sostener su integración pese a los pronósticos desfavorables, pero a un costo que pone en peligro el futuro de uno de los bloques mundiales más poderosos.

domingo, 21 de junio de 2015

Atropello a los derechos humanos en USA

Mientras amanece la campaña electoral que elegirá al sucesor de Barack Obama, está por verse si el tema de los asesinatos de ciudadanos norteamericanos por parte de la policía, formará parte de la agenda de campaña.
            Fronteras afuera, las imágenes crueles de las víctimas asesinadas por las fuerzas de seguridad norteamericana recorrieron el planeta, pese al esfuerzo de las corporaciones mediáticas por ningunear el tema. Para ellos, el origen afroestadounidense y latinoamericano de los damnificados, rebaja la importancia de las noticias.
            Pero esta vez no lo lograron, los muertos tienen nombre y apellido y un pueblo que no dudó en salir a las calles a reinvindicarlos y a rechazar las prácticas de los responsables de las muertes. Freddie Gray era nativo de la ciudad de Baltimore. Tenía apenas 25 años y murió en la cárcel, en la que estaba arrestado por portar una navaja.
            Esta vez los medios norteamericanos debieron seguir la seguidilla de asesinatos no por una repentina toma de conciencia social, sino porque las redes sociales ardían de información y eran un gran instrumento para los manifestantes.
            Antes de fin de año, Estados Unidos deberá explicar en la ONU si tomó las medidas necesarias para que estos casos no se repitan. El gobierno de Obama pasó de denunciador a denunciado, pese al origen afro de su líder.
            Si un pueblo apático como el norteamericano sale a las calles en forma masiva para reclamar por la brutalidad policial, es porque la situación deber ser más grave de lo que suponemos. El sistema judicial norteamericano, que tanto destacan las películas y series yankis, forma parte del sistema de encubrimiento que posibilita a los policías reprimir sin temor a las consecuencias. Es lo que pasó con el policía Darren Wilson, absuelto de culpa y cargo por el asesinato de Michael Brown.
            Toda esta sumatoria de casos, permite hablar de la represión y el racismo institucionalizado. Una cosa son los casos de discriminación que se pueden dar en las distintas sociedades mundiales, y otra muy distinta que estos casos estén amparados por los estados que deberían evitarlos.

            La sociedad norteamericana, esa que por fin salió a las calles, tiene la posibilidad de volver a salir a la calle para pedirles  a sus candidatos que se ocupen del tema y que, como mínimo, logren que esa idea de sociedad justa, que nos venden por medio de su industria cultural, pase de la ficción a la realidad.