La palabra esclavitud parece un término que remite a otros siglos y a novelas famosas como La Cabaña del Tío Tom o Raíces, pero pese a la buena voluntad de muchos, el sojuzgamiento de un grupo de seres humanos por otros sigue siendo algo que forma parte de nuestro paisaje, por más que los medios se empeñen en ocultarlo borrando el tema de la agenda de temas difundidos.
Ni las grandes democracias del mundo ni el avance formidable de las ciencias ha logrado poner paliativo a una práctica que está en plena vigencia y que es funcional a muchos sectores de la economía capitalista. Tal vez desde ahí, podríamos llegar a entender porque algo que las leyes prohíben tan taxativamente no ha sido suprimido.
Los datos de las Naciones Unidas hablan de un total de 27 millones de personas que son esclavas en todo el mundo, ya sea obligadas por deudas, esclavitud doméstica, trata de blancas y prostitución forzada.
En Argentina, el secuestro de menores para ser utilizadas en el mercado de prostitución es frecuente. También se traen mujeres de otros países América engañadas con promesas de trabajo que se terminan convirtiendo en pesadillas. La misma mecánica se utiliza en otro rubro como son las empresas textiles, que utilizan el trabajo esclavo para proveer prendas fabricadas a bajo costo para las grandes marcas que después las venden en los shoppings a precios multiplicados varias veces.
Pero el trabajo forzado no es patrimonio de un continente, en todo el planeta se repiten las condiciones que permiten la existencia de la esclavitud. Pese a no tener título de propiedad alguno, como se estilaba en las sociedades esclavistas del siglo XIX, los mal llamados ¨propietarios¨ disponen de la vida de las personas y deciden no solamente sobre las condiciones de trabajo sino también sobre sus condiciones de vida y su libertad de movimiento.
La funcionalidad que este sistema reporta a ciertos enclaves capitalistas, impide la condena de los organismos internacionales, que si bien reconocen el problema, no se esfuerzan seriamente por erradicarlo. Las autoridades políticas de cada país hacen la vista gorda y prefieren embolsar las coimas que pagan los esclavistas antes que intervenir en defensa de los esclavos.
El último país en suprimir la esclavitud fue Mauritania, nación situada en el norte de Africa y que prohibió por ley estas prácticas en 1980. Sin embargo, en ese país, los secuestros de menores para ser explotados en regiones alejadas de los centros urbanos se siguen sucediendo sin pausa. Además, muchos esclavos no se enteraron que fueron liberados y se estima que alrededor de 300 mil personas nunca gozaron de la libertad. A eso debemos sumar el problema de que la economía de Mauritania no podría absorber la liberación de semejante cantidad de mano de obra emancipada.
Para demostrar que ningún punto del planeta está libre de esta práctica, en la frontera de la mayor potencia mundial, vemos como los tratantes de personas estafan a miles de mexicanos que quieren trabajar en Estados Unidos. Para lograr salvarse de la miseria, los inmigrantes aceptan las condiciones que les imponen los ¨coyotes¨ aunque en muchos casos esto les cueste la vida. La justicia norteamericana comprobó que los traficantes muchas veces retienen a las víctimas en campos de detención para luego ser vendidos.
Según la ONU, la trata de personas va camino a convertirse en el mayor negocio ilegal del mundo y se cree que de seguir incrementándose su volumen pronto sobrepasará al tráfico de drogas. Encontrar la forma de combatir este flagelo es un nuevo desafío que debe comenzar por dejar de invisibilizar estos temas para que puedan ser pensados por toda la sociedad mundial.
domingo, 29 de agosto de 2010
domingo, 15 de agosto de 2010
LA MENTIRA DE LA GUERRA CONTRA EL NARCOTRAFICO
La idea recorre el continente pero no es levantada por los medios masivos de comunicación: la guerra contra el narcotráfico no es lo que parece, hay una gigantesca operación de prensa destinada a hacernos pensar que Estados Unidos, desinteresadamente, ayuda a los gobiernos de América latina a combatir este flagelo. Pero apenas raspamos en la superficie de este razonamiento vemos que hay otras intenciones detrás de semejante operación.
En principio es difícil explicar porque el principal consumidor de todo tipo de drogas no empieza por combatir el problema en su propio país. Es evidente que a Estados Unidos no le interesa combatir el consumo del mercado local, porque de esta manera tiene una excusa para intervenir en la política interna de los países que se extienden al sur del Río Bravo. Para ejemplificar nuestra postura, vamos a recurrir al ejemplo de México y acudiremos a un medio gráfico independiente como es la revista Contralínea, hostigada pero nunca desmentida por el gobierno centroamericano.
Publica el semanario mexicano que el gobierno de su país, encabezado por el panista Felipe Calderón, le ha dado a la supuesta guerra un tono tan fuerte, por lo menos en las palabras que ha involucrado a los 96 mil hombres que componen el ejército. Pero esta operación, que requiere una enorme movilización de dinero, logística y propaganda mediática, arroja un saldo exiguo y sospechoso. Es así, que comparando los números de 2003 en relación al 2010, lo único que ha aumentado en forma violenta es la cantidad de muertos: 23 mil. En cambio la cantidad de sentencias judiciales es escasa: en los últimos siete años apenas se dictaron 735. Además se decomisa menos droga ahora que en los comienzos del operativo.
Desde esta columna creemos que el flagelo de la droga no es un tema de importancia real en Washington, la intervención militar se debe a la necesidad de no perder de vista los principales recursos de nuestro continente como son el petróleo y el agua. Para eso son las bases militares en Colombia y también con la misma finalidad se apoya al gobierno mexicano en su estéril cruzada contra los carteles de la droga. Desaparecida la excusa de la Guerra Fría, el combate contra el narcotráfico se instala como el nuevo enemigo común . A la Casa Blanca le sirve para instalar a sus asesores militares, mientras que los gobiernos locales, aprovechan para criminalizar las luchas sociales e instalar la represión como modo de solucionar las desigualdades.
Por eso, los capos de los carteles de las drogas mexicanas se ríen de las bravuconadas del gobierno de Felipe Calderón. Del total de los más de 120 mil detenidos por delitos vinculados con la droga, a sólo 1.300 se les ha podido comprobar algún tipo de vínculo con los carteles que manejan el lucrativo negocio. O sea que lo más probable es que el resto de los detenidos pertenezcan a la parte de la población más baja, indefensa frente a las fuerzas en pugna y que tal vez sólo actuaron de correos o que son pequeños consumidores.
La conclusión a la que arribamos es que la lucha contra la droga es pura pantomima diseñada hábilmente para ser difundida por todos los medios de prensa, pero que fracasa porque no toca a los peces gordos del negocio. No se ataca ni a la circulación ni al lavado de dinero, mucho menos a los funcionarios corruptos que permiten todo esto. Mientras sea funcional a las estrategias políticas del gobierno más poderoso del continente, el narcotráfico no corre ningún peligro.
En principio es difícil explicar porque el principal consumidor de todo tipo de drogas no empieza por combatir el problema en su propio país. Es evidente que a Estados Unidos no le interesa combatir el consumo del mercado local, porque de esta manera tiene una excusa para intervenir en la política interna de los países que se extienden al sur del Río Bravo. Para ejemplificar nuestra postura, vamos a recurrir al ejemplo de México y acudiremos a un medio gráfico independiente como es la revista Contralínea, hostigada pero nunca desmentida por el gobierno centroamericano.
Publica el semanario mexicano que el gobierno de su país, encabezado por el panista Felipe Calderón, le ha dado a la supuesta guerra un tono tan fuerte, por lo menos en las palabras que ha involucrado a los 96 mil hombres que componen el ejército. Pero esta operación, que requiere una enorme movilización de dinero, logística y propaganda mediática, arroja un saldo exiguo y sospechoso. Es así, que comparando los números de 2003 en relación al 2010, lo único que ha aumentado en forma violenta es la cantidad de muertos: 23 mil. En cambio la cantidad de sentencias judiciales es escasa: en los últimos siete años apenas se dictaron 735. Además se decomisa menos droga ahora que en los comienzos del operativo.
Desde esta columna creemos que el flagelo de la droga no es un tema de importancia real en Washington, la intervención militar se debe a la necesidad de no perder de vista los principales recursos de nuestro continente como son el petróleo y el agua. Para eso son las bases militares en Colombia y también con la misma finalidad se apoya al gobierno mexicano en su estéril cruzada contra los carteles de la droga. Desaparecida la excusa de la Guerra Fría, el combate contra el narcotráfico se instala como el nuevo enemigo común . A la Casa Blanca le sirve para instalar a sus asesores militares, mientras que los gobiernos locales, aprovechan para criminalizar las luchas sociales e instalar la represión como modo de solucionar las desigualdades.
Por eso, los capos de los carteles de las drogas mexicanas se ríen de las bravuconadas del gobierno de Felipe Calderón. Del total de los más de 120 mil detenidos por delitos vinculados con la droga, a sólo 1.300 se les ha podido comprobar algún tipo de vínculo con los carteles que manejan el lucrativo negocio. O sea que lo más probable es que el resto de los detenidos pertenezcan a la parte de la población más baja, indefensa frente a las fuerzas en pugna y que tal vez sólo actuaron de correos o que son pequeños consumidores.
La conclusión a la que arribamos es que la lucha contra la droga es pura pantomima diseñada hábilmente para ser difundida por todos los medios de prensa, pero que fracasa porque no toca a los peces gordos del negocio. No se ataca ni a la circulación ni al lavado de dinero, mucho menos a los funcionarios corruptos que permiten todo esto. Mientras sea funcional a las estrategias políticas del gobierno más poderoso del continente, el narcotráfico no corre ningún peligro.
viernes, 16 de julio de 2010
Irán: otra cortina de humo sobre el Golfo Pérsico
La reaparición de Fidel Castro de buen semblante y notablemente recuperado, no sólo trajo el tema de los presos políticos en Cuba sino que arrojó una alerta preocupante sobre la actitud de Estados Unidos en el Golfo Pérsico ya que el líder cubano denunció la posibilidad de un bombardeo nuclear sobre Irán.
Ya desde el vamos tenemos una paradoja: para disciplinar a un estado como el persa, que no acepta el control de las potencias sobre su actividad nuclear, se plantea la posibilidad de un bombardeo que incluiría armas atómicas. El premio Nobel de la Paz, Barack Obama, no acepta de buen grado que un país no se le cuadre. Las gestiones realizadas por Turquía y Brasil para fiscalizar la actividad iraní, que habían sido coronadas por el éxito diplomático, no fueron aceptadas por la Casa Blanca, mostrando una conducta tan fundamentalista como la que se le critica al líder iraní.
Por lo visto no es el plan nuclear de Irán lo que le molesta al poder norteamericano, sino la autonomía y la independencia que muestra Teherán frente a los planes de Estados Unidos para el área. Es difícil pensar que la política nuclear que lleva adelante el gobierno de Ahmadinejad, ponga en peligro o se le acerque siquiera al enorme arsenal atómico que todavía conservan los norteamericanos.
La diferencia entre Obama y Bush hijo es que el primero está buscando un ¨marco legal¨ para su intervención, para eso impulsó la condena del Consejo de Seguridad de la ONU, que aprobó la condena impulsada por los norteamericanos pero no en forma unánime, ya que ni Turquía ni Brasil aceptaron cambiar su postura acuerdista. Así la diplomacia norteamericana se encuentra con un escollo inédito: dos países aliados y menos desarrollados se rebelan contra su política.
Tal vez lo alarmante para los halcones de la Casa Blanca es que no todos se creen el cuento del eje del mal. Turquía limita directamente con Irán por lo que es difícil que vea con buenos ojos un gran poderío militar de Irán y Brasil quiere mantener a nuestro continente como zona desnuclearizada. El problema para Estados Unidos es que se resquebraja la unidad política del mundo occidental que viene dominando desde la Segunda Guerra Mundial a su antojo.
Los norteamericanos son conscientes de esto y no dejarán su dominio sin pelea. Además, si hay algo que no aceptan es discutir su política energética con nadie. Pese a los recientes fracasos, su poderío militar es indiscutiblemente superior al resto del mundo y podría destruir al globo terráqueo varias veces. Pero la esperanza es respaldar el camino que han tomado tanto Brasil como Turquía, para que en la Casa Blanca tomen conciencia que una intervención violenta sobre la vida de cualquier país del mundo es inviable.
Ya desde el vamos tenemos una paradoja: para disciplinar a un estado como el persa, que no acepta el control de las potencias sobre su actividad nuclear, se plantea la posibilidad de un bombardeo que incluiría armas atómicas. El premio Nobel de la Paz, Barack Obama, no acepta de buen grado que un país no se le cuadre. Las gestiones realizadas por Turquía y Brasil para fiscalizar la actividad iraní, que habían sido coronadas por el éxito diplomático, no fueron aceptadas por la Casa Blanca, mostrando una conducta tan fundamentalista como la que se le critica al líder iraní.
Por lo visto no es el plan nuclear de Irán lo que le molesta al poder norteamericano, sino la autonomía y la independencia que muestra Teherán frente a los planes de Estados Unidos para el área. Es difícil pensar que la política nuclear que lleva adelante el gobierno de Ahmadinejad, ponga en peligro o se le acerque siquiera al enorme arsenal atómico que todavía conservan los norteamericanos.
La diferencia entre Obama y Bush hijo es que el primero está buscando un ¨marco legal¨ para su intervención, para eso impulsó la condena del Consejo de Seguridad de la ONU, que aprobó la condena impulsada por los norteamericanos pero no en forma unánime, ya que ni Turquía ni Brasil aceptaron cambiar su postura acuerdista. Así la diplomacia norteamericana se encuentra con un escollo inédito: dos países aliados y menos desarrollados se rebelan contra su política.
Tal vez lo alarmante para los halcones de la Casa Blanca es que no todos se creen el cuento del eje del mal. Turquía limita directamente con Irán por lo que es difícil que vea con buenos ojos un gran poderío militar de Irán y Brasil quiere mantener a nuestro continente como zona desnuclearizada. El problema para Estados Unidos es que se resquebraja la unidad política del mundo occidental que viene dominando desde la Segunda Guerra Mundial a su antojo.
Los norteamericanos son conscientes de esto y no dejarán su dominio sin pelea. Además, si hay algo que no aceptan es discutir su política energética con nadie. Pese a los recientes fracasos, su poderío militar es indiscutiblemente superior al resto del mundo y podría destruir al globo terráqueo varias veces. Pero la esperanza es respaldar el camino que han tomado tanto Brasil como Turquía, para que en la Casa Blanca tomen conciencia que una intervención violenta sobre la vida de cualquier país del mundo es inviable.
martes, 13 de julio de 2010
miércoles, 7 de julio de 2010
Imagen: Archivo adjunto.
Código HTML con inmagen y texto:
“Hacia la independencia de las palabras: jóvenes, participación y discurso político”
El Senador Nacional por la provincia de Buenos Aires del Frente para la Victoria, Eric Calcagno, la Juventud Platense Para la Victoria y el Movimiento Peronista Bloguero (MPB) invitan a participar de la charla abierta “Hacia la independencia de las palabras: jóvenes, participación y discurso político” que se realizará el jueves 08 del corriente -a partir de las 18.00 horas- en el Salón de Lectura del Honorable Senado de la Nación (sito en Hipólito Yrigoyen 1849 1º piso, Capital).
Además del Senador Eric Calgcagno, estarán en la disertación los siguientes: la Directora Nacional de Juventud, Mariana Gras; el Periodista, Jorge Dorio; el Subsecretario de Juventud de la Provincia de Buenos Aires, Santiago Carreras; y los periodistas radiales y blogueros Gonzalo Navarro, Gonzalo Santos, Diego González (MPB) y Diego Richiusa.
Compañero/a, esperamos contar con vuestra presencia y aporte.
Código HTML con inmagen y texto:
“Hacia la independencia de las palabras: jóvenes, participación y discurso político”
El Senador Nacional por la provincia de Buenos Aires del Frente para la Victoria, Eric Calcagno, la Juventud Platense Para la Victoria y el Movimiento Peronista Bloguero (MPB) invitan a participar de la charla abierta “Hacia la independencia de las palabras: jóvenes, participación y discurso político” que se realizará el jueves 08 del corriente -a partir de las 18.00 horas- en el Salón de Lectura del Honorable Senado de la Nación (sito en Hipólito Yrigoyen 1849 1º piso, Capital).
Además del Senador Eric Calgcagno, estarán en la disertación los siguientes: la Directora Nacional de Juventud, Mariana Gras; el Periodista, Jorge Dorio; el Subsecretario de Juventud de la Provincia de Buenos Aires, Santiago Carreras; y los periodistas radiales y blogueros Gonzalo Navarro, Gonzalo Santos, Diego González (MPB) y Diego Richiusa.
Compañero/a, esperamos contar con vuestra presencia y aporte.
martes, 15 de junio de 2010
Latinoamérica se une para defender sus recursos
Desde el fin de la Guerra Fría, los estrategas de Washington desplegaron distintas teorías para avalar la intervención norteamericana en el resto del Mundo. Dos han sido los discursos predominantes que reemplazaron al enemigo soviético: la lucha contra el terrorismo y la lucha contra el narcotráfico. Ingentes cantidades de recursos se vienen dedicando a estas dos cruzadas, pero hasta ahora los resultados han sido paupérrimos.
En lo que atañe a América latina, hay dos claros ejemplos de cómo interviene Washington sobre los asuntos de los países de su patio trasero: Colombia y México. En el primero la lucha es contra la guerrilla y en el segundo es contra el narcotráfico. El evidente fracaso en ambos casos y la falta de rectificación de las políticas de intervención invitan a pensar que tal vez lo que busca la Casa Blanca no es solucionar los supuestos ¨flagelos¨ sino marcar presencia en territorios ajenos y poder así intervenir rápidamente en cualquier punto del continente si sus objetivos políticos así lo requieren.
Los líderes latinoamericanos no son tontos y saben que el ojo que está puesto sobre los recursos naturales del subcontinente jamás descansa. Es por eso que la conformación de organismos como el UNASUR son vitales y siguen adelante pese al ninguneo de los medios de comunicación de los distintos países. Y pese a que no suena políticamente correcto frente a otros graves problemas de América Latina, nuestros países ya comenzaron a pensar como defenderse de la amenaza latente que proviene del Norte.
Es así que, pese a que probablemente los amigos lectores no lo encontrarán en los medios, el Consejo de Defensa de la UNASUR acaba de cumplir un año. Este organismo está conformado por los ministros de defensa de los países que conforman la asociación de países. El fin explícito es coordinar operaciones de paz y transparentar los gastos militares, pero no deja de ser un fuerte gesto frente a ojos menos inocentes que los nuestros.
La idea de este organismo nació luego del conflicto suscitado por la intervención de Colombia en territorio de Ecuador en busca de un campamento de las FARC. Pero en los últimos años son varios los motivos que justifican un alerta defensivo. El reflotamiento de la Cuarta Flota, la presencia de una base inglesa en las Islas Malvinas y recalentamiento de la frontera entre Colombia y Venezuela, son síntomas que no permiten ser soslayados.
Ahora falta que se conozcan cuáles serán las maneras en que se integrarán los ejércitos de nuestro continente. Las Fuerzas Armadas latinoamericanas deben diagramarse no para luchar con sus hermanos continentales sino contra fuerzas de mayor poderío y que no dudan en aplicar la máxima violencia posible cuando de cumplir sus objetivos estratégicos se trata.
Si las autoridades continentales logran desterrar la desconfianza basada en innumerables conflictos fronterizos, los países que conforman la UNASUR pueden ofrecer un frente homogéneo de defensa basado en una historia común y en un importante patrimonio que defender. El petróleo de Venezuela, el gas de Bolivia, el acuífero Guaraní y la enorme selva Amazónica bien valen el esfuerzo.
En lo que atañe a América latina, hay dos claros ejemplos de cómo interviene Washington sobre los asuntos de los países de su patio trasero: Colombia y México. En el primero la lucha es contra la guerrilla y en el segundo es contra el narcotráfico. El evidente fracaso en ambos casos y la falta de rectificación de las políticas de intervención invitan a pensar que tal vez lo que busca la Casa Blanca no es solucionar los supuestos ¨flagelos¨ sino marcar presencia en territorios ajenos y poder así intervenir rápidamente en cualquier punto del continente si sus objetivos políticos así lo requieren.
Los líderes latinoamericanos no son tontos y saben que el ojo que está puesto sobre los recursos naturales del subcontinente jamás descansa. Es por eso que la conformación de organismos como el UNASUR son vitales y siguen adelante pese al ninguneo de los medios de comunicación de los distintos países. Y pese a que no suena políticamente correcto frente a otros graves problemas de América Latina, nuestros países ya comenzaron a pensar como defenderse de la amenaza latente que proviene del Norte.
Es así que, pese a que probablemente los amigos lectores no lo encontrarán en los medios, el Consejo de Defensa de la UNASUR acaba de cumplir un año. Este organismo está conformado por los ministros de defensa de los países que conforman la asociación de países. El fin explícito es coordinar operaciones de paz y transparentar los gastos militares, pero no deja de ser un fuerte gesto frente a ojos menos inocentes que los nuestros.
La idea de este organismo nació luego del conflicto suscitado por la intervención de Colombia en territorio de Ecuador en busca de un campamento de las FARC. Pero en los últimos años son varios los motivos que justifican un alerta defensivo. El reflotamiento de la Cuarta Flota, la presencia de una base inglesa en las Islas Malvinas y recalentamiento de la frontera entre Colombia y Venezuela, son síntomas que no permiten ser soslayados.
Ahora falta que se conozcan cuáles serán las maneras en que se integrarán los ejércitos de nuestro continente. Las Fuerzas Armadas latinoamericanas deben diagramarse no para luchar con sus hermanos continentales sino contra fuerzas de mayor poderío y que no dudan en aplicar la máxima violencia posible cuando de cumplir sus objetivos estratégicos se trata.
Si las autoridades continentales logran desterrar la desconfianza basada en innumerables conflictos fronterizos, los países que conforman la UNASUR pueden ofrecer un frente homogéneo de defensa basado en una historia común y en un importante patrimonio que defender. El petróleo de Venezuela, el gas de Bolivia, el acuífero Guaraní y la enorme selva Amazónica bien valen el esfuerzo.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

