La debacle de las economías del primer mundo trajeron al primer plano a un actor económico importante: las calificadoras de riesgo. Estas empresas son el resultado del desarrollo del capitalismo financiero y han adquirido un poder tan grande que muchas veces sus calificaciones perjudican a los países del primer mundo.
A las dificultades económicas que vienen afrontando en los últimos meses varios países de Europa se le suma la amenaza de una calificación negativa, lo que puede hacer fracasar cualquier plan de salida de la crisis, por más que esté avalado por el resto de los países de la Unión Europea.
Recientemente, la poderosa Francia de Sarkozy sufrió la rebaja de su nota económica que era AAA, la máxima posible. También Italia sufrió el embate de estas empresas y por supuesto también las sufrió la atribulada Grecia.
Pero cuando se publican las noticias sobre las calificadoras de riesgo, los medios soslayan información esencial para entender sus motivaciones. No se dice que en su origen estas empresas están relacionadas con compañías de seguros que invierten en fondos de inversión por lo que la nota que colocan están guiadas más por la intención de favorecer los intereses de estas empresas que por un análisis financiero objetivo.
El problema de los países es que cuando se le baja la nota a los bonos de un país a éste se le encarece aún más endeudarse, por lo que a una situación de alto déficit y falta de recursos, se le agrega que el dinero que necesitan es aún más caro, lo que recrea un círculo vicioso de mayor endeudamiento y salida de fondos que no pueden ser aplicados a reactivar una economía en recesión. A esto le sigue la baja de sueldos y jubilaciones y una caída económica todavía mayor.
Las calificadoras de riesgo en el mundo son alrededor de 150 pero son tres las que se llevan la mayor parte de los negocios: Stand & Poor´s, Ficht y Moody¨s. Todas tienen en su composición la presencia de fondos de inversión conformados por aseguradoras, bancos y empresas multinacionales. Estas firmas responden a intereses financieros y les importa muy poco la salud de las economías de los países calificados. Generalmente los sectores dominantes que están detrás de estas empresas siempre proponen las mismas recetas para salir de las crisis: ajuste de los salarios, de las jubilaciones y de todo tipo de gasto social. Si los gobiernos no se avienen a imponer estas medidas, el dinero salir de la emergencia no llega y el desequilibrio se acentúa. Lo que prefieren omitir las calificadoras es que hay otra salida que también es costosa pero que permite ver una luz a la salida del tunel: mirar los intereses del pueblo que son los que viven en los países. Dejar de lado los ajustes y tomar medidas de reactivación de la economía, única forma de mejorar las condiciones de un país en crisis y de generar los fondos necesarios para no hundirse aún más en la miseria
viernes, 16 de marzo de 2012
martes, 14 de febrero de 2012
El peligro del descontrol policial en el Cono Sur
En la ciudad de Bahía, en el noreste brasileño, no sólo fue el ritmo de carnaval lo que se escuchó: todavía resuenan los ecos de la rebelión policial, con su tendal de muertos, heridos y daños económicos producidos por la inacción voluntaria de la policía estadual.
Esto que parece un fenómeno local y que aconteció en un período determinado de tiempo, no es tal, ya que el descontrol de las fuerzas del orden es una amenaza latente que pone en peligro la vida cotidiana de los habitantes y que además puede llegar a poner en riesgo a las instituciones democráticas de nuestro continente.
Desaparecidas las instituciones militares como factores de poder, la policía se transformó en la fuerza de intervención armada más importante que poseen los estados. Con una matriz educativa que se ha modificado muy poco desde la época en que las dictaduras militares asolaban a América latina, muchas veces la policía constituye un elemento de regulación del crimen, pactando informalmente en que condiciones se desenvuelven las organizaciones delictivas, sobretodo las vinculadas al narcotráfico.
Pero ahora se agrega otro peligro latente: el uso político de la fuerza policial, que conduce indefectiblemente a la erosión de los gobiernos elegidos por el pueblo. Ya son varios los casos que sirvieron como alerta para no soslayar este factor en el futuro político. En el caso de Brasil, el movimiento iniciado en la Ciudad de Bahía tuvo repercusión en otros estados, pero fracasó al poco de nacer. La propia ciudad de Río de Janeiro tuvo su fiesta de carnaval amenazada por este problema.
Si nos remontamos en el tiempo, el alerta más importante y conocido lo vivimos con todas las peripecias que tuvo el movimiento de la Policía en Ecuador en 2010, que logró tener como rehén al propio presidente Correa. La vida del mandatario estuvo pendiente de un hilo pero la rápida reacción de la Unasur ayudó a desbaratar la maniobra.
En la Argentina no tenemos un movimiento organizado pero no debemos aflojar la atención sobre el problema. En octubre de 2010, el militante Mariano Ferreyra fue asesinado por una patota que respondía a la fuerza sindical de un gremio ferroviario. El papel de la Policía Federal fue permitirles a los asesinos operar con tranquilidad, pese a que no tenía órdenes del poder político para actuar de esa manera. Algo parecido pasó a fines de ese mismo año en el Parque Indoamericano, donde fuerzas federales y de la Metropolitana, creada por Mauricio Macri, se unieron en una represión que causó dos muertos y varios heridos. La consecuencia política fue la creación del Ministerio de Seguridad Nacional.
Si bien sabemos que es imposible la vida cotidiana sin la presencia de fuerzas que prevengan el delito, es evidente que el poder elegido por los pueblos no debe delegar su control. La experiencia demuestra que cuando una fuerza armada se independiza del poder político mira sólo su interés corporativo y atenta contra la sociedad a la que debería defender.
Esto que parece un fenómeno local y que aconteció en un período determinado de tiempo, no es tal, ya que el descontrol de las fuerzas del orden es una amenaza latente que pone en peligro la vida cotidiana de los habitantes y que además puede llegar a poner en riesgo a las instituciones democráticas de nuestro continente.
Desaparecidas las instituciones militares como factores de poder, la policía se transformó en la fuerza de intervención armada más importante que poseen los estados. Con una matriz educativa que se ha modificado muy poco desde la época en que las dictaduras militares asolaban a América latina, muchas veces la policía constituye un elemento de regulación del crimen, pactando informalmente en que condiciones se desenvuelven las organizaciones delictivas, sobretodo las vinculadas al narcotráfico.
Pero ahora se agrega otro peligro latente: el uso político de la fuerza policial, que conduce indefectiblemente a la erosión de los gobiernos elegidos por el pueblo. Ya son varios los casos que sirvieron como alerta para no soslayar este factor en el futuro político. En el caso de Brasil, el movimiento iniciado en la Ciudad de Bahía tuvo repercusión en otros estados, pero fracasó al poco de nacer. La propia ciudad de Río de Janeiro tuvo su fiesta de carnaval amenazada por este problema.
Si nos remontamos en el tiempo, el alerta más importante y conocido lo vivimos con todas las peripecias que tuvo el movimiento de la Policía en Ecuador en 2010, que logró tener como rehén al propio presidente Correa. La vida del mandatario estuvo pendiente de un hilo pero la rápida reacción de la Unasur ayudó a desbaratar la maniobra.
En la Argentina no tenemos un movimiento organizado pero no debemos aflojar la atención sobre el problema. En octubre de 2010, el militante Mariano Ferreyra fue asesinado por una patota que respondía a la fuerza sindical de un gremio ferroviario. El papel de la Policía Federal fue permitirles a los asesinos operar con tranquilidad, pese a que no tenía órdenes del poder político para actuar de esa manera. Algo parecido pasó a fines de ese mismo año en el Parque Indoamericano, donde fuerzas federales y de la Metropolitana, creada por Mauricio Macri, se unieron en una represión que causó dos muertos y varios heridos. La consecuencia política fue la creación del Ministerio de Seguridad Nacional.
Si bien sabemos que es imposible la vida cotidiana sin la presencia de fuerzas que prevengan el delito, es evidente que el poder elegido por los pueblos no debe delegar su control. La experiencia demuestra que cuando una fuerza armada se independiza del poder político mira sólo su interés corporativo y atenta contra la sociedad a la que debería defender.
viernes, 16 de diciembre de 2011
CELAC: nueva idea americana para enfrentar a la crisis mundial
Lo que antes sorprendía ahora se ha transformado en una foto habitual de la realidad política de nuestro continente: otro organismo común alumbró su nacimiento, sin presencia de la Casa Blanca, para enfrentar con políticas activas al tembladeral mundial provocado por la crisis financiera.
Esta vez en Caracas no sólo se juntaron los países del Mercosur o de Sudamérica, esta vez los países del Caribe también forman parte de la CELAC, cuya sigla significa Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe. De esta manera se creó una organización que constituye uno de los emprendimientos regionales más importantes de nuestro continente, que cuenta solamente con las ausencias de Estados Unidos y Canadá.
La ausencia de los americanos del Norte es claramente un signo de los tiempos que estamos viviendo en esta parte del Mundo. Cada herramienta que se crea para unir los destinos de los países de nuestra región, es una palada más en el entierro de la lógica de la guerra fría, que tenía como principal consigna la profunda dependencia política y económica de Estados Unidos.
Es verdad que la administración de Obama tiene otros frentes de batalla abiertos en el Mundo y que América Latina es un problema menor, pero convengamos que si nos remontamos apenas a una década atrás, semejante emprendimiento como el que estamos analizando era más una excepción que una regla.
Lo que también parecía casi una utopía era pensar que el pedido de políticas inclusivas iba a tener un eco real en los 33 países que integran la CELAC. El crecimiento económico de la región en los últimos tiempos trajo como consecuencia la mejora en la vida de los más desprotegidos. Si bien es verdad que estamos a años luz de terminar con la pobreza, son varios los países que han logrado disminuir los bolsones de miseria que los azotaron a lo largo de su historia.
Como será de llamativo este nuevo emprendimiento, que juntará en la jefatura a presidentes de distintas ideologías, ya que en principio la CELAC será conducida por Hugo Chávez y Sebastián Piñera, primeros anfitriones de los encuentros. Es más, el mandatario chileno le entregará el mando cuando finalice su período a Fidel Castro.
No será fácil articular una organización que debe armonizar los intereses de países superpoblados como Brasil con otros que no llegan a los dos millones de habitantes. Pero la necesidad de enfrentar unidos a un futuro mundial incierto y con pronósticos sombríos, impulsa a los líderes regionales a olvidar dogmatismos y diferencias y a pensar que la supervivencia de cada país depende del bien común.
Esta vez en Caracas no sólo se juntaron los países del Mercosur o de Sudamérica, esta vez los países del Caribe también forman parte de la CELAC, cuya sigla significa Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe. De esta manera se creó una organización que constituye uno de los emprendimientos regionales más importantes de nuestro continente, que cuenta solamente con las ausencias de Estados Unidos y Canadá.
La ausencia de los americanos del Norte es claramente un signo de los tiempos que estamos viviendo en esta parte del Mundo. Cada herramienta que se crea para unir los destinos de los países de nuestra región, es una palada más en el entierro de la lógica de la guerra fría, que tenía como principal consigna la profunda dependencia política y económica de Estados Unidos.
Es verdad que la administración de Obama tiene otros frentes de batalla abiertos en el Mundo y que América Latina es un problema menor, pero convengamos que si nos remontamos apenas a una década atrás, semejante emprendimiento como el que estamos analizando era más una excepción que una regla.
Lo que también parecía casi una utopía era pensar que el pedido de políticas inclusivas iba a tener un eco real en los 33 países que integran la CELAC. El crecimiento económico de la región en los últimos tiempos trajo como consecuencia la mejora en la vida de los más desprotegidos. Si bien es verdad que estamos a años luz de terminar con la pobreza, son varios los países que han logrado disminuir los bolsones de miseria que los azotaron a lo largo de su historia.
Como será de llamativo este nuevo emprendimiento, que juntará en la jefatura a presidentes de distintas ideologías, ya que en principio la CELAC será conducida por Hugo Chávez y Sebastián Piñera, primeros anfitriones de los encuentros. Es más, el mandatario chileno le entregará el mando cuando finalice su período a Fidel Castro.
No será fácil articular una organización que debe armonizar los intereses de países superpoblados como Brasil con otros que no llegan a los dos millones de habitantes. Pero la necesidad de enfrentar unidos a un futuro mundial incierto y con pronósticos sombríos, impulsa a los líderes regionales a olvidar dogmatismos y diferencias y a pensar que la supervivencia de cada país depende del bien común.
martes, 15 de noviembre de 2011
Las recetas del FMI tumbaron a Berlusconi
Un fantasma recorre Europa y no es aquel con el que soñaba Carlos Marx sino uno que se parece más a una pesadilla: el ajuste fiscal y sus consecuencias en la vida de quienes habitan los países afectados.
La crisis no respeta tamaño ni economías: a Grecia y a Irlanda le siguieron Portugal y España y ahora es el turno de Italia. Tan grande es la crisis italiana que lo que no lograron los escándalos sexuales lo consiguieron los problemas económicos: la caída de Berlusconi.
Lo complicado del caso es que Berlusconi no fue en contra de las recetas de ajuste del FMI sino que, por el contrario, se decidió a aplicarlas con todo el rigor del caso, pero los mercados no aceptaron a un primer ministro que ya venía muy desgastado y que se quedó sin margen para aplicar un ajuste que precisa mano de hierro y ancha espalda política.
Ahora es el turno de Mario Monti, un tecnócrata que presume de no pertenecer a ningún partido. Este nuevo funcionario viene a aplicar sus recetas como si fuera el médico salvador que solucionará los males italianos con nuevos ajustes que si bien afectarán la vida cotidiana de los habitantes de la península, prometen un futuro mejor. Pero esto que parece una solución innovadora, para los argentinos es una receta vieja y fracasada. En los 90, el neoliberalismo argentino basaba su prédica en un supuesto saber técnico que nos iba llevar al primer mundo. La historia terminó con la peor crisis económica de 1810 a la fecha.
Al pueblo italiano le aguarda un futuro cercano donde la aplicación de los ajustes ocasionará que su economía crezca cada vez menos y que el desempleo se incremente cada vez más, aunque seguramente estas noticias serán silenciadas por gran parte de la prensa occidental que suele ser cómplice de los poderosos del mundo.
Pese a esto, no debemos olvidar que Italia no es ni Grecia ni Portugal. Aunque sean todos parte de la Unión Europea, Italia es todavía la octava economía mundial y un colapso económico significaría el irremediable fin de la zona euro. Y si cae Italia habrá que prepararse también para el futuro colapso de Francia.
A esta altura del partido los cambios políticos que concluyeron con las salidas de los primeros ministros de Grecia e Italia parecen más manotazos de ahogado que soluciones duraderas. Más que pensar en planes de ajuste, los líderes europeos deberían investigar como les fue a los otros países que aplicaron las recetas que ellos defienden. Si la respuesta a la crisis es poner a tecnócratas al mando de los gobiernos, la idea de una solución que afecte lo menos posible la vida de los pueblos, se torna en una ilusión más cercana a la fantasía que a la realidad.
La crisis no respeta tamaño ni economías: a Grecia y a Irlanda le siguieron Portugal y España y ahora es el turno de Italia. Tan grande es la crisis italiana que lo que no lograron los escándalos sexuales lo consiguieron los problemas económicos: la caída de Berlusconi.
Lo complicado del caso es que Berlusconi no fue en contra de las recetas de ajuste del FMI sino que, por el contrario, se decidió a aplicarlas con todo el rigor del caso, pero los mercados no aceptaron a un primer ministro que ya venía muy desgastado y que se quedó sin margen para aplicar un ajuste que precisa mano de hierro y ancha espalda política.
Ahora es el turno de Mario Monti, un tecnócrata que presume de no pertenecer a ningún partido. Este nuevo funcionario viene a aplicar sus recetas como si fuera el médico salvador que solucionará los males italianos con nuevos ajustes que si bien afectarán la vida cotidiana de los habitantes de la península, prometen un futuro mejor. Pero esto que parece una solución innovadora, para los argentinos es una receta vieja y fracasada. En los 90, el neoliberalismo argentino basaba su prédica en un supuesto saber técnico que nos iba llevar al primer mundo. La historia terminó con la peor crisis económica de 1810 a la fecha.
Al pueblo italiano le aguarda un futuro cercano donde la aplicación de los ajustes ocasionará que su economía crezca cada vez menos y que el desempleo se incremente cada vez más, aunque seguramente estas noticias serán silenciadas por gran parte de la prensa occidental que suele ser cómplice de los poderosos del mundo.
Pese a esto, no debemos olvidar que Italia no es ni Grecia ni Portugal. Aunque sean todos parte de la Unión Europea, Italia es todavía la octava economía mundial y un colapso económico significaría el irremediable fin de la zona euro. Y si cae Italia habrá que prepararse también para el futuro colapso de Francia.
A esta altura del partido los cambios políticos que concluyeron con las salidas de los primeros ministros de Grecia e Italia parecen más manotazos de ahogado que soluciones duraderas. Más que pensar en planes de ajuste, los líderes europeos deberían investigar como les fue a los otros países que aplicaron las recetas que ellos defienden. Si la respuesta a la crisis es poner a tecnócratas al mando de los gobiernos, la idea de una solución que afecte lo menos posible la vida de los pueblos, se torna en una ilusión más cercana a la fantasía que a la realidad.
viernes, 14 de octubre de 2011
Wall Street: calle tomada
Entre los paisajes impensados que nos presenta la crisis económica mundial, hay uno que no deja de sorprender y de generar polémica: la creciente presencia de indignados en Estados Unidos que ocupan las calles y plazas aledañas a Wall Street, centro económico y financiero del capitalismo globalizado.
La primavera árabe y la crisis europea nos acostumbraron a la existencia de movimientos sociales que no se resignan a aceptar los ajustes económicos que proponen los gobiernos para enfrentar la debacle que ellos mismos provocaron, pero pocos imaginaban que esta modalidad de protesta se extendería como un reguero de pólvora por el territorio del país más poderosos del planeta.
Es que los ocupantes se hicieron fuertes en Nueva York pero ya se expandieron a casi 60 ciudades de Estados Unidos, por lo que el problema ya no pudo ser ignorado por los medios de comunicación yanquis, siempre reacios a dar luz a cualquier cuestionamiento del sistema imperante.
La creciente desocupación y la enorme masa de pobres que se incrementan sin pausa, motorizan una protesta que rechaza la especulación financiera que provocó la crisis de las subprime, cuestiona la creciente desigualdad y quiere que el empleo no siga cayendo. Pero estos postulados, obvios y de sentido común, son rechazados por los más ricos de Norteamérica, que no quieren resignar ni un centavo de sus fabulosas ganancias.
La estrategia de los sectores poderosos es clara: evitan hablar de sus privilegios y tratan de descalificar a sus opositores a quienes tildan de antinorteamericanos, por no aceptar que tradicionalmente en Estados Unidos los intereses económicos de los ricos son defendidos por todos los gobiernos. Así, que los millonarios norteamericanos se lleven las ganancias del sistema y que el resto de la población pague los costos, es algo normal y que no debe ser modificado por ningún político.
Ante esta realidad se abre una oportunidad para el presidente Obama. El mandatario puede aprovechar la ola de protesta para imponer algún tipo de reforma impositiva que equilibre un poco los tantos. No es tarea fácil, ya que la sociedad yanqui es tan conservadora que cualquier político que quiera modificar un poco la situación enseguida es calificado de comunista o de nazi. Además el escenario político es complejo ya que a la crisis económica se le suma el intento reeleccionista de Obama y la creciente derechización del electorado que encarna el Tea Party.
El futuro próximo dirá si la reacción de la Casa Blanca buscará solucionar el problema o dejará librado el tema de la ocupación de las calles a las policías de los distintos estados.
La primavera árabe y la crisis europea nos acostumbraron a la existencia de movimientos sociales que no se resignan a aceptar los ajustes económicos que proponen los gobiernos para enfrentar la debacle que ellos mismos provocaron, pero pocos imaginaban que esta modalidad de protesta se extendería como un reguero de pólvora por el territorio del país más poderosos del planeta.
Es que los ocupantes se hicieron fuertes en Nueva York pero ya se expandieron a casi 60 ciudades de Estados Unidos, por lo que el problema ya no pudo ser ignorado por los medios de comunicación yanquis, siempre reacios a dar luz a cualquier cuestionamiento del sistema imperante.
La creciente desocupación y la enorme masa de pobres que se incrementan sin pausa, motorizan una protesta que rechaza la especulación financiera que provocó la crisis de las subprime, cuestiona la creciente desigualdad y quiere que el empleo no siga cayendo. Pero estos postulados, obvios y de sentido común, son rechazados por los más ricos de Norteamérica, que no quieren resignar ni un centavo de sus fabulosas ganancias.
La estrategia de los sectores poderosos es clara: evitan hablar de sus privilegios y tratan de descalificar a sus opositores a quienes tildan de antinorteamericanos, por no aceptar que tradicionalmente en Estados Unidos los intereses económicos de los ricos son defendidos por todos los gobiernos. Así, que los millonarios norteamericanos se lleven las ganancias del sistema y que el resto de la población pague los costos, es algo normal y que no debe ser modificado por ningún político.
Ante esta realidad se abre una oportunidad para el presidente Obama. El mandatario puede aprovechar la ola de protesta para imponer algún tipo de reforma impositiva que equilibre un poco los tantos. No es tarea fácil, ya que la sociedad yanqui es tan conservadora que cualquier político que quiera modificar un poco la situación enseguida es calificado de comunista o de nazi. Además el escenario político es complejo ya que a la crisis económica se le suma el intento reeleccionista de Obama y la creciente derechización del electorado que encarna el Tea Party.
El futuro próximo dirá si la reacción de la Casa Blanca buscará solucionar el problema o dejará librado el tema de la ocupación de las calles a las policías de los distintos estados.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Chile: el fracaso del sistema educativo neoliberal
La caída en picada del sistema educativo de Chile nos ha traído una vez más el testimonio del daño que ha causado a toda América latina la aplicación del modelo neoliberal en todos los ámbitos de nuestras sociedades. Tanto la política, la economía y la educación chilena han sido puestas siempre de ejemplo a seguir por los ¨idiotas latinoamericanos¨ que no entendíamos como se gestionaba un país.
Por eso ahora todos los propagandistas del sistema chileno se quedaron sin palabras o intentan analizar el problema chileno como un problema gremial, cuando en realidad se trata del fracaso de un modo de entender la educación. El modelo educativo del país trasandino está basado en la privatización y en el arancelamiento de todos sus niveles. Para acceder a la mejor educación tanto en primaria, secundaria o universidad, hay que pagar, y el que no tiene con que, se tiene que conformar con una escuela pública vaciada de calidad y reservada para los pobres. La otra opción es pedir créditos que endeudan a las familias chilenas casi de por vida.
Está claro que el Estado chileno está ausente con aviso y según el presidente Piñera, no planea hacerse cargo de reformar el sistema. Para el actual gobierno de Chile las cosas están bien así, lo que arroja el intento de diálogo con los estudiantes al rincón de las cosas inútiles. Por eso está claro que el cambio deberá venir de la lucha popular y de la concientización del pueblo chileno.
Por supuesto que las entidades educativas internacionales que antes alababan al sistema educativo chileno ahora prefieren no opinar de la situación. Quedó claro su escaso rigor académico a la hora de elaborar sus estudios y el fondo ideológico que escondían sus alabanzas. Sus estudiosos nunca se tomaron el trabajo de acercarse a las universidades argentinas a preguntar porque tantos chilenos prefieren estudiar en la Argentina si las instituciones chilenas son tan buenas.
Las demandas de los estudiantes no recibirán pronta respuesta. El sistema educativo neoliberal no caerá de la noche a la mañana y no querrá entregar sus privilegios. El tema saldrá de la agenda de los grandes medios y se hablará de otra cosa, pero los jóvenes chilenos tendrán que ser constantes en sus objetivos y recordar que la única lucha que se pierde es la que se abandona.
Por eso ahora todos los propagandistas del sistema chileno se quedaron sin palabras o intentan analizar el problema chileno como un problema gremial, cuando en realidad se trata del fracaso de un modo de entender la educación. El modelo educativo del país trasandino está basado en la privatización y en el arancelamiento de todos sus niveles. Para acceder a la mejor educación tanto en primaria, secundaria o universidad, hay que pagar, y el que no tiene con que, se tiene que conformar con una escuela pública vaciada de calidad y reservada para los pobres. La otra opción es pedir créditos que endeudan a las familias chilenas casi de por vida.
Está claro que el Estado chileno está ausente con aviso y según el presidente Piñera, no planea hacerse cargo de reformar el sistema. Para el actual gobierno de Chile las cosas están bien así, lo que arroja el intento de diálogo con los estudiantes al rincón de las cosas inútiles. Por eso está claro que el cambio deberá venir de la lucha popular y de la concientización del pueblo chileno.
Por supuesto que las entidades educativas internacionales que antes alababan al sistema educativo chileno ahora prefieren no opinar de la situación. Quedó claro su escaso rigor académico a la hora de elaborar sus estudios y el fondo ideológico que escondían sus alabanzas. Sus estudiosos nunca se tomaron el trabajo de acercarse a las universidades argentinas a preguntar porque tantos chilenos prefieren estudiar en la Argentina si las instituciones chilenas son tan buenas.
Las demandas de los estudiantes no recibirán pronta respuesta. El sistema educativo neoliberal no caerá de la noche a la mañana y no querrá entregar sus privilegios. El tema saldrá de la agenda de los grandes medios y se hablará de otra cosa, pero los jóvenes chilenos tendrán que ser constantes en sus objetivos y recordar que la única lucha que se pierde es la que se abandona.
martes, 6 de septiembre de 2011
Kadafy: de aliado a piedra en el zapato
En 40 años años de reinado fueron cambiantes las relaciones entre Muammar Kadafi y los líderes del poder Occidental. En los últimos años, el perfil de líder duro de un país rebelde se había diluido gracias a los pactos comerciales firmados con países europeos como Italia y Francia. Nadie en la prensa de los países desarrollados se preguntaba sobre la legitimidad del poder libio ni tildaba a Kadafi de dictador, mucho menos se hablaba de la concentración de dinero y poder que habían logrado sus hijos.
Sin embargo la sed del petróleo y la ambición de dominar su comercio sin trabas fue mayor . No sólo las empresas petroleras norteamericanas desean un control de los recursos libios sin control, también hay empresas de capital europeo que ambicionan explotar el producto del subsuelo de Libia. El perfil cambiante de Kadafi nunca terminó de convencer a los capitalistas del petróleo que pactaron con él más por necesidad que por convicción. Pero la llamada ¨Primavera Arabe¨ les dio la oportunidad perfecta de sacarse de encima a un líder imprevisible y molesto para sus intereses.
Por ahora todos los analistas se dedican a analizar el fin de la era Kadafi, pero pocos se detienen a intentar vislumbrar el futuro de Libia. Además pasan por alto la composición de las fuerzas rebeldes que pueden esconder en sus pliegues a militantes de Al Qaeda que el día de mañana pueden darle un fuerte dolor de cabeza a las fuerzas de ocupación o a un futuro gobierno libio. Pero por ahora los magnates petroleros se relamen con la conquista de un país tan rico en hidrocarburos. Tan optimistas son que el precio del barril estuvo en baja cuando se vislumbró el fin del poder de Kadafi. Poco importó que un país tan importante en la provisión de un fluido tan vital para el funcionamiento del mundo tenga su exportación paralizada por el conflicto. Libia tiene una de las mayores reservas petroleras del mundo, la mayor de Africa y sabemos que los intereses que responden a este negocio les gusta tener, como diría Tita, la sartén por el mango y el mango también. Una lección que el resto de los países del planeta no deben olvidar si aprecian su supervivencia
Sin embargo la sed del petróleo y la ambición de dominar su comercio sin trabas fue mayor . No sólo las empresas petroleras norteamericanas desean un control de los recursos libios sin control, también hay empresas de capital europeo que ambicionan explotar el producto del subsuelo de Libia. El perfil cambiante de Kadafi nunca terminó de convencer a los capitalistas del petróleo que pactaron con él más por necesidad que por convicción. Pero la llamada ¨Primavera Arabe¨ les dio la oportunidad perfecta de sacarse de encima a un líder imprevisible y molesto para sus intereses.
Por ahora todos los analistas se dedican a analizar el fin de la era Kadafi, pero pocos se detienen a intentar vislumbrar el futuro de Libia. Además pasan por alto la composición de las fuerzas rebeldes que pueden esconder en sus pliegues a militantes de Al Qaeda que el día de mañana pueden darle un fuerte dolor de cabeza a las fuerzas de ocupación o a un futuro gobierno libio. Pero por ahora los magnates petroleros se relamen con la conquista de un país tan rico en hidrocarburos. Tan optimistas son que el precio del barril estuvo en baja cuando se vislumbró el fin del poder de Kadafi. Poco importó que un país tan importante en la provisión de un fluido tan vital para el funcionamiento del mundo tenga su exportación paralizada por el conflicto. Libia tiene una de las mayores reservas petroleras del mundo, la mayor de Africa y sabemos que los intereses que responden a este negocio les gusta tener, como diría Tita, la sartén por el mango y el mango también. Una lección que el resto de los países del planeta no deben olvidar si aprecian su supervivencia
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