A veces las voces que se dedican a analizar la escritura periodística dicen que las formas de hacer periodismo ya están todas inventadas, que son siempre iguales y que lo único que cambian son los temas. Pero la realidad se empeña siempre en desautorizar a los expertos. Es así que la crisis económica en Occidente está alumbrando un género inédito: las crónicas de las caídas de los países que antes eran los ejemplos a seguir por todo el mundo.
No se trata del caso aislado de un país, sino de la debacle de las economías de varios integrantes de la Unión Europea que podría culminar con el default del gigante mundial: Estados Unidos. Y no se trata de simples números ni de las cifras de las balanzas comerciales. Son las vidas de miles de europeos que están al borde del precipicio.
El problema es que los europeos no aciertan con el remedio y eligen la peor medicina: el ajuste económico, esa fórmula que los argentinos conocemos como si la hubiésemos diseñado. Pero ahora quienes siempre vieron estas recetas como algo ajeno ahora las sufren en carne propia.
La crisis abarca toda la geografía europea. En la Península Ibérica los dos países que la componen tiemblan ante las noticias económicas. Portugal ya dispuso dejar en la calles y sin planes sociales a unos 100 mil trabajadores, que engrosarán un índice de desocupación que ya roza el 13%. La economía se contraerá más por la cantidad de gente que pasará a consumir lo justo y necesario. En España las principales empresas ya acordaron con el gobierno socialista dejar en la calles a miles de trabajadores que pasarán de ganar buenos sueldos a vivir de la ayuda social.
Si nos mudamos a las islas británicas nos encontramos con Irlanda, paradigma de algunos políticos argentinos que hace un año criticaban a la Presidenta argentina por no seguir la conducta económica irlandesa. Ahora los bonos de ese país fueron calificados de basura por las calificadoras de riesgo y todos los expertos prevén perspectivas negativas.
En Italia, Berlusconi tuvo que dejar de lado sus líos de polleras para preparar un plan de ajuste para que los mercados no se ensañen con la economía italiana. La oposición insiste en pedir la renuncia del primer ministro italiano que por ahora domina la situación. Sobre Grecia no nos vamos a extender demasiado porque es el tema que más abunda en los medios, pero ya son varias las idas y vueltas para saber si la salvan o la terminan de empujar al mar Egeo.
La frutilla del postre es Estados Unidos, que siempre estuvo lejos de cualquier crisis gracias a su c
ondición de primera potencia mundial, ahora empeora sus datos económicos día a día. . Si bien por ahora no va a perder ese sitial de país líder, la oposición se niega a aprobar las medidas económica s que propone Obama, lo que puede ocasionar que la economía norteamericana entre en default. Si el país más desarrollado sufre semejante traspié, es difícil adivinar cual puede ser el futuro del resto del mundo.
miércoles, 20 de julio de 2011
viernes, 24 de junio de 2011
El triunfo de Humala abre expectativas de cambio en Perú
La posibilidad de un retorno de Fujimori ya es parte de un mal sueño. Ollanta Humala ganó pese a la oposición de los medios peruanos y ya se prueba el traje y la banda presidencial roja y blanca.
Durante la campaña electoral no fueron pocas las cosas que se dijeron del ahora presidente electo de Perú: que era de la izquierda chavista, que lo condenaba su pasado como represor de la guerrilla de Sendero y que iba a nacionalizar todas las empresas. Pero lo cierto es que sea cual sea la voluntad del nuevo presidente, la realidad de su país le pone límites difíciles de traspasar.
Perú es un país claramente enrolado en la corrientes económicas neoliberales que todavía quedan en nuestro continente. Si bien sus índices económicos marcan un crecimiento económico constante y una baja inflación, casi el 30% de la población se queda afuera de los beneficios. Su economía es precaria a nivel laboral y su producción está basada en la producción primaria que encarna el negocio de la minería. Además los numerosos tratados de libre comercio que tiene firmados le impiden impulsar algún tipo de política de desarrollo industrial.
Frente a este panorama, los primeros pasos de Humala apuntan a insertar a la economía de su país dentro del Mercosur. Aunque no puede ingresar al mercado común del que la Argentina forma parte porque los tratados de libre comercio se lo impiden, puede incrementar las relaciones de intercambio comercial con el bloque.
Por otro lado, si bien la posibilidad de nacionalizar las empresas que manejan los recursos energéticos pareció más una chicana electoral que un proyecto realizable, Humala tiene la posibilidad de aumentar la presión tributaria sobre estos sectores, lo que podría otorgarle fondos para encarar el combate contra la pobreza que esgrimió en durante la campaña electoral como su principal objetivo.
A nivel político, el país que deja Alan García tiene como gran aliado a los Estados Unidos en un grado muy parecido al que tiene Colombia. Esto lo marca el permiso otorgado a la renacida Cuarta Flota norteamericana para que atraque en los puertos peruanos. Si bien un cambio de eje amparado en la ayuda de Chávez no es muy probable, lo que sí es evidente que Perú buscará mejorar la relación con Brasil para no depender tanto de la Casa Blanca.
Las expectativas son grandes aunque las posibilidades de realizar algo distinto no sean muchas, pero Ollanta Humala deberá mirar a los otros presidentes de la misma región, que enfrentaron a condiciones políticas y económicas adversas y que pese a las dificultades igual salieron adelante sin olvidarse de su pueblo.
Durante la campaña electoral no fueron pocas las cosas que se dijeron del ahora presidente electo de Perú: que era de la izquierda chavista, que lo condenaba su pasado como represor de la guerrilla de Sendero y que iba a nacionalizar todas las empresas. Pero lo cierto es que sea cual sea la voluntad del nuevo presidente, la realidad de su país le pone límites difíciles de traspasar.
Perú es un país claramente enrolado en la corrientes económicas neoliberales que todavía quedan en nuestro continente. Si bien sus índices económicos marcan un crecimiento económico constante y una baja inflación, casi el 30% de la población se queda afuera de los beneficios. Su economía es precaria a nivel laboral y su producción está basada en la producción primaria que encarna el negocio de la minería. Además los numerosos tratados de libre comercio que tiene firmados le impiden impulsar algún tipo de política de desarrollo industrial.
Frente a este panorama, los primeros pasos de Humala apuntan a insertar a la economía de su país dentro del Mercosur. Aunque no puede ingresar al mercado común del que la Argentina forma parte porque los tratados de libre comercio se lo impiden, puede incrementar las relaciones de intercambio comercial con el bloque.
Por otro lado, si bien la posibilidad de nacionalizar las empresas que manejan los recursos energéticos pareció más una chicana electoral que un proyecto realizable, Humala tiene la posibilidad de aumentar la presión tributaria sobre estos sectores, lo que podría otorgarle fondos para encarar el combate contra la pobreza que esgrimió en durante la campaña electoral como su principal objetivo.
A nivel político, el país que deja Alan García tiene como gran aliado a los Estados Unidos en un grado muy parecido al que tiene Colombia. Esto lo marca el permiso otorgado a la renacida Cuarta Flota norteamericana para que atraque en los puertos peruanos. Si bien un cambio de eje amparado en la ayuda de Chávez no es muy probable, lo que sí es evidente que Perú buscará mejorar la relación con Brasil para no depender tanto de la Casa Blanca.
Las expectativas son grandes aunque las posibilidades de realizar algo distinto no sean muchas, pero Ollanta Humala deberá mirar a los otros presidentes de la misma región, que enfrentaron a condiciones políticas y económicas adversas y que pese a las dificultades igual salieron adelante sin olvidarse de su pueblo.
lunes, 16 de mayo de 2011
Bin Laden: ¿Se hizo justicia?
Las balas de los comandos norteamericanos que mataron a Bin Laden no sólo pusieron final a la vida del hombre más buscado del mundo: también aniquilaron la posibilidad de la existencia de una Justicia universal confiable y equitativa.
La acción ordenada por el Presidente de la mayor potencia mundial demuestra que las necesidades políticas de la Casa Blanca son más importantes que los principios que la mayor democracia de Occidente dice defender.
La realización de un juicio justo, la posibilidad de una defensa legal y la condena de un tribunal imparcial, que tanto nos suele vender la industria culturar norteamericana como esencia del alma occidental, estuvieron ausentes de la operación militar que puso fin a la vida de Bin Laden.
A nivel internacional también son varios los derechos vulnerados. El primero, y tal vez más importante, es el principio de soberanía nacional. Los Seals yanquis entraron sin permiso en suelo pakistaní y no pidieron autorización a las autoridades de ese país. Esto conlleva la violación de otra prerrogativa que es la no injerencia en los asuntos de otro estado soberano.
A esto podemos sumar otros agravantes: que la decisión haya sido tomada por un premio Nobel de la Paz Barak Obama, y que el Tribunal Penal Internacional de la Haya, organismo supranacional creado para tratar las violaciones a las leyes internacionales, haya quedado dibujado como una postal decorativa.
Si todo lo que se dijo desde 2001 hasta hoy sobre Bin Laden fuera verdad, su captura con vida hubiera sido una imperdible oportunidad de juzgar y castigar todos los crímenes supuestamente cometidos por el empresario árabe. Su oscuro asesinato, en cambio, agrega interrogantes sobre la actividad de Al Qaeda y pone al idealismo de creer en una justicia universal en la categoría de utopía.
En el presente, todo es ganancia para Estados Unidos: Barack Obama subió su imagen y se encamina derecho a su reelección. Su autoridad se vio reforzada y avalada por parte de su pueblo que festejó en las calles la muerta de su enemigo. Pero a futuro, todas las naciones que adquieran algún grado de poder mundial podrían intentar resolver sus conflictos por medio de la violencia, apelando al concepto de seguridad nacional por sobre el de justicia, una postura que nos pone de cara a un mundo peor y más inseguro.
La acción ordenada por el Presidente de la mayor potencia mundial demuestra que las necesidades políticas de la Casa Blanca son más importantes que los principios que la mayor democracia de Occidente dice defender.
La realización de un juicio justo, la posibilidad de una defensa legal y la condena de un tribunal imparcial, que tanto nos suele vender la industria culturar norteamericana como esencia del alma occidental, estuvieron ausentes de la operación militar que puso fin a la vida de Bin Laden.
A nivel internacional también son varios los derechos vulnerados. El primero, y tal vez más importante, es el principio de soberanía nacional. Los Seals yanquis entraron sin permiso en suelo pakistaní y no pidieron autorización a las autoridades de ese país. Esto conlleva la violación de otra prerrogativa que es la no injerencia en los asuntos de otro estado soberano.
A esto podemos sumar otros agravantes: que la decisión haya sido tomada por un premio Nobel de la Paz Barak Obama, y que el Tribunal Penal Internacional de la Haya, organismo supranacional creado para tratar las violaciones a las leyes internacionales, haya quedado dibujado como una postal decorativa.
Si todo lo que se dijo desde 2001 hasta hoy sobre Bin Laden fuera verdad, su captura con vida hubiera sido una imperdible oportunidad de juzgar y castigar todos los crímenes supuestamente cometidos por el empresario árabe. Su oscuro asesinato, en cambio, agrega interrogantes sobre la actividad de Al Qaeda y pone al idealismo de creer en una justicia universal en la categoría de utopía.
En el presente, todo es ganancia para Estados Unidos: Barack Obama subió su imagen y se encamina derecho a su reelección. Su autoridad se vio reforzada y avalada por parte de su pueblo que festejó en las calles la muerta de su enemigo. Pero a futuro, todas las naciones que adquieran algún grado de poder mundial podrían intentar resolver sus conflictos por medio de la violencia, apelando al concepto de seguridad nacional por sobre el de justicia, una postura que nos pone de cara a un mundo peor y más inseguro.
martes, 19 de abril de 2011
La trata de mujeres no tiene freno en América
Gracias a la incansable acción de los grupos de derechos humanos que luchan contra toda forma de violencia de género, el tema de la trata de mujeres y el femicidio ahora forma parte de la agenda periodística. Pero este avance no significa que los estados americanos hayan adoptado políticas para combatir este flagelo que se ensaña particularmente con las clases más desposeídas.
Por el contrario, los datos que manejan los estudiosos del tema señalan que alrededor de 100 mil mujeres y niñas son víctimas de la trata de personas si sumamos los datos de Sudamérica con los países del Caribe. Las víctimas son sometidas a la explotación sexual tanto en sus países de origen como en otros del mismo continente.
Por supuesto que para que semejante negocio prospere existe una connivencia entre los delincuentes que llevan adelante esta explotación con las autoridades que deberían combatirlo, empezando por las policías de los distintos países que miran para otro lado o que directamente son cómplices en los delitos que derivan de esta actividad.
Es así como muchas mujeres que son detenidas veces por dedicarse a la prostitución son penalizadas o chantajeadas por ejercer esta actividad pero generalmente no se las interroga sobre cual fue la forma en que llegaron a esta situación y mucho menos quien las introdujo en este mundo.
Pero el fenómeno no sólo abarca a América latina sino que llega a también a Estados Unidos. En Nueva York, cientos de mujeres son recibidas por los servicios sociales de la ciudad que las rescatan de las redes de trata. La mayoría son mexicanas. Según el FBI alrededor de 17 mil mujeres y niñas llegan anualmente a Estados Unidos para ser explotadas por las redes de prostitución que trabajan en suelo norteamericano.
La ONU hace rato que tiene identificado el problema y ya ordenó a sus estados miembros que establezcan políticas para prevenir y erradicar un mal que afecta principalmente a las mujeres más pobres, acentuando así la desigualdad de derechos. Sin embargo la complicidad de muchos estamentos estatales y la complejidad del problema, dificulta una política duradera de combate a un mal que siempre permanecerá vigente mientras no se erradiquen ciertas pautas culturales que justifican el machismo y el sometimiento de la mujer. Porque la trata de mujeres, además de un delito, es una forma de discriminación y de violencia de género.
Por el contrario, los datos que manejan los estudiosos del tema señalan que alrededor de 100 mil mujeres y niñas son víctimas de la trata de personas si sumamos los datos de Sudamérica con los países del Caribe. Las víctimas son sometidas a la explotación sexual tanto en sus países de origen como en otros del mismo continente.
Por supuesto que para que semejante negocio prospere existe una connivencia entre los delincuentes que llevan adelante esta explotación con las autoridades que deberían combatirlo, empezando por las policías de los distintos países que miran para otro lado o que directamente son cómplices en los delitos que derivan de esta actividad.
Es así como muchas mujeres que son detenidas veces por dedicarse a la prostitución son penalizadas o chantajeadas por ejercer esta actividad pero generalmente no se las interroga sobre cual fue la forma en que llegaron a esta situación y mucho menos quien las introdujo en este mundo.
Pero el fenómeno no sólo abarca a América latina sino que llega a también a Estados Unidos. En Nueva York, cientos de mujeres son recibidas por los servicios sociales de la ciudad que las rescatan de las redes de trata. La mayoría son mexicanas. Según el FBI alrededor de 17 mil mujeres y niñas llegan anualmente a Estados Unidos para ser explotadas por las redes de prostitución que trabajan en suelo norteamericano.
La ONU hace rato que tiene identificado el problema y ya ordenó a sus estados miembros que establezcan políticas para prevenir y erradicar un mal que afecta principalmente a las mujeres más pobres, acentuando así la desigualdad de derechos. Sin embargo la complicidad de muchos estamentos estatales y la complejidad del problema, dificulta una política duradera de combate a un mal que siempre permanecerá vigente mientras no se erradiquen ciertas pautas culturales que justifican el machismo y el sometimiento de la mujer. Porque la trata de mujeres, además de un delito, es una forma de discriminación y de violencia de género.
domingo, 20 de marzo de 2011
Estados Unidos busca quedarse con el petróleo libio
La ola de rebeldía finalmente se expandió por Medio Oriente y llegó hasta el norte de Africa , más precisamente hasta Libia, país liderado desde hace décadas por la mano férrea de Muammar Kadafy. Las potencias occidentales y sus medios de prensa resaltan todos los defectos del gobierno libio, iluminando las zonas oscuras que esos mismos medios antes ocultaban. Es que hasta ese momento el status quo de la zona no afectaba los intereses petroleros tan celosamente vigilados por Estados Unidos.
Pero ahora, la crisis provocada por el anquilosamiento de las estructuras de poder en los países árabes y por el aumento en el precio de los alimentos, le abrió una posibilidad inesperada de intervención a la Casa Blanca, que sueña con meter mano al crudo que tan generosamente fluye de las entrañas libias.
Para eso está en marcha una fuerte ofensiva diplomática y militar que cuenta con la inestimable colaboración de los medios de comunicación. La operación consiste en demonizar a Kadafy y apoyar a los insurgentes en su batalla contra el gobierno. De esta manera, se crea un ambiente de caos que genera un pedido mundial de intervención de alguna autoridad extra zonal que restablezca el orden.
Sin embargo, ese orden no sería cualquier orden, sino el que establezca Estados Unidos, que es quien dirigirá la operación si es que se concreta. Tanto en forma directa como detrás de una intervención multinacional, la mano de Washington buscará socavar la soberanía del país africano para disponer de sus reservas petroleras.
Pese a estas intenciones, Kadafy tiene algunos recursos para defenderse. Su poderío militar es mayor al de los insurgentes. Además buscará escarbar en la conciencia sucia occidental recordando que tiene intereses y acuerdos financieros con varios de esos países que ahora buscan destituirlo. Libia tiene numerosos pactos en los sectores petroleros, gasíferos y comerciales con varios países europeos que no cuestionaron su política interna al momento de firmarlos.
Los bancos suizos no rechazaron el dinero libio como tampoco lo hicieron cuando el que depositaba su dinero era el ahora depuesto líder egipcio Hosni Mubarak. Las empresas españolas, italianas y norteamericanas no bloquearon las inversiones que venían de Libia. Pero los vientos cambiaron y ahora el botín buscado son los recursos energéticos, que son los que deciden siempre el rumbo de la política exterior norteamericana. Si de oro negro se trata el aliado de hoy puede ser el enemigo de mañana. Una lección que ningún líder mundial pueden dejar de aprender.
Pero ahora, la crisis provocada por el anquilosamiento de las estructuras de poder en los países árabes y por el aumento en el precio de los alimentos, le abrió una posibilidad inesperada de intervención a la Casa Blanca, que sueña con meter mano al crudo que tan generosamente fluye de las entrañas libias.
Para eso está en marcha una fuerte ofensiva diplomática y militar que cuenta con la inestimable colaboración de los medios de comunicación. La operación consiste en demonizar a Kadafy y apoyar a los insurgentes en su batalla contra el gobierno. De esta manera, se crea un ambiente de caos que genera un pedido mundial de intervención de alguna autoridad extra zonal que restablezca el orden.
Sin embargo, ese orden no sería cualquier orden, sino el que establezca Estados Unidos, que es quien dirigirá la operación si es que se concreta. Tanto en forma directa como detrás de una intervención multinacional, la mano de Washington buscará socavar la soberanía del país africano para disponer de sus reservas petroleras.
Pese a estas intenciones, Kadafy tiene algunos recursos para defenderse. Su poderío militar es mayor al de los insurgentes. Además buscará escarbar en la conciencia sucia occidental recordando que tiene intereses y acuerdos financieros con varios de esos países que ahora buscan destituirlo. Libia tiene numerosos pactos en los sectores petroleros, gasíferos y comerciales con varios países europeos que no cuestionaron su política interna al momento de firmarlos.
Los bancos suizos no rechazaron el dinero libio como tampoco lo hicieron cuando el que depositaba su dinero era el ahora depuesto líder egipcio Hosni Mubarak. Las empresas españolas, italianas y norteamericanas no bloquearon las inversiones que venían de Libia. Pero los vientos cambiaron y ahora el botín buscado son los recursos energéticos, que son los que deciden siempre el rumbo de la política exterior norteamericana. Si de oro negro se trata el aliado de hoy puede ser el enemigo de mañana. Una lección que ningún líder mundial pueden dejar de aprender.
martes, 15 de febrero de 2011
De golpe, Occidente descubrió dictaduras en Medio Oriente
Por los medios de todo el mundo vivimos el día a día de la crisis egipcia que terminó con la salida de Mubarak, también vimos que esta rebelión afectó a otros países árabes de la región, pero lo que quedó oculto en las pantallas de TV es el papel de Occidente como soporte de estos gobiernos que repentinamente recibieron la crítica generalizada de todo el planeta.
Los gobiernos de las principales potencias mundiales, comandadas por Estados Unidos, sostenían hasta hace poco que países como Egipto o Túnez eran gobierno amigos y ¨moderados¨. El dedo acusador pasaba de largo frente a ellos y prefería señalar a Irán o a Irak, gobiernos que constituían el eje del mal y a los que se consideraban culpables directos del terrorismo mundial en todas sus variantes. Ya sabemos como terminó Irak y el futuro de Irán todavía está por verse.
Pero esta conmoción, que se multiplicó como reguero de pólvora por Egipto, Túnez, Yemen, Argelia y Arabia Saudita, sacó a la superficie una situación social explosiva signada por años de represión y de miseria para la mayoría de los pueblos de estos países. Una mano dura cotidiana reprimía en Egipto a una población que vivía con índices de pobreza y desocupación altísimos. La situación en los otros países mencionados no era muy distinta.
Este velo informativo y diplomático, que costó tantas décadas y tanta sangre levantar, fue posible porque Mubarak jugaba un papel importantísimo en la estrategia de la Casa Blanca en la región. Egipto logró que Israel se consolidara como estado y le garantizó a Estados Unidos cierta estabilidad en una región famosa por su riqueza energética. El resto de los países de la OTAN también tienen intereses en la región y lejos estuvieron de cuestionar el modo en que Mubarak mantenía la paz social. No les importó que fuera la tranquilidad de los cementerios.
Si vamos a buscar a los archivos de los medios de comunicación occidentales no hallaremos la palabra dictadura para calificar a estos gobiernos. El periodismo no nos contó nunca como hizo Mubarak para mantenerse en el poder 30 años en el gobierno. Recién ahora logramos enterarnos de los grados de corrupción y de miseria imperante.
En América latina sabemos muy bien que los intereses de Washington están por encima de cualquier consideración ética y moral. La gran democracia de Occidente respaldó y propició la instalación de las dictaduras que nos masacraron en los 70 porque eran funcionales a la estrategia seguida por los yanquis en la Guerra Fría. Algo parecido pasó en Medio Oriente y seguiría pasando si los egipcios y el resto de los pueblos árabes no se hubiesen cansado de tanta miseria y represión.
Ahora se abre una etapa interesantísima en Medio Oriente. Por un lado tendremos a Occidente que buscará que los cambios que se vienen tanto en Egipto como en Túnez no modifiquen el status quo vigente. Por el otro, tendremos a los pueblos que acaban de descubrir que su destino puede estar en sus manos, pero que deberán buscar encauzar su lucha para que esta oportunidad que se les abre para mejorar sus vidas no termine en una dolorosa derrota.
Los gobiernos de las principales potencias mundiales, comandadas por Estados Unidos, sostenían hasta hace poco que países como Egipto o Túnez eran gobierno amigos y ¨moderados¨. El dedo acusador pasaba de largo frente a ellos y prefería señalar a Irán o a Irak, gobiernos que constituían el eje del mal y a los que se consideraban culpables directos del terrorismo mundial en todas sus variantes. Ya sabemos como terminó Irak y el futuro de Irán todavía está por verse.
Pero esta conmoción, que se multiplicó como reguero de pólvora por Egipto, Túnez, Yemen, Argelia y Arabia Saudita, sacó a la superficie una situación social explosiva signada por años de represión y de miseria para la mayoría de los pueblos de estos países. Una mano dura cotidiana reprimía en Egipto a una población que vivía con índices de pobreza y desocupación altísimos. La situación en los otros países mencionados no era muy distinta.
Este velo informativo y diplomático, que costó tantas décadas y tanta sangre levantar, fue posible porque Mubarak jugaba un papel importantísimo en la estrategia de la Casa Blanca en la región. Egipto logró que Israel se consolidara como estado y le garantizó a Estados Unidos cierta estabilidad en una región famosa por su riqueza energética. El resto de los países de la OTAN también tienen intereses en la región y lejos estuvieron de cuestionar el modo en que Mubarak mantenía la paz social. No les importó que fuera la tranquilidad de los cementerios.
Si vamos a buscar a los archivos de los medios de comunicación occidentales no hallaremos la palabra dictadura para calificar a estos gobiernos. El periodismo no nos contó nunca como hizo Mubarak para mantenerse en el poder 30 años en el gobierno. Recién ahora logramos enterarnos de los grados de corrupción y de miseria imperante.
En América latina sabemos muy bien que los intereses de Washington están por encima de cualquier consideración ética y moral. La gran democracia de Occidente respaldó y propició la instalación de las dictaduras que nos masacraron en los 70 porque eran funcionales a la estrategia seguida por los yanquis en la Guerra Fría. Algo parecido pasó en Medio Oriente y seguiría pasando si los egipcios y el resto de los pueblos árabes no se hubiesen cansado de tanta miseria y represión.
Ahora se abre una etapa interesantísima en Medio Oriente. Por un lado tendremos a Occidente que buscará que los cambios que se vienen tanto en Egipto como en Túnez no modifiquen el status quo vigente. Por el otro, tendremos a los pueblos que acaban de descubrir que su destino puede estar en sus manos, pero que deberán buscar encauzar su lucha para que esta oportunidad que se les abre para mejorar sus vidas no termine en una dolorosa derrota.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Carta de un maestro de la Escuela 15 de Villa Soldati
...Con infinita rabia y profundo dolor quiero compartir algunas palabras sobre lo que está pasando a pocas cuadras de la escuela donde trabajo. No puedo hacer análisis macroestructurales ni quiero despotricar contra el fascista infradotado, simplemente contar que allí están, bajo toldos deshilachados y tapados por los mosquitos y el fango, las familias de tres alumnas mías. Melanie reaparece hoy en la escuela, después de una semana, y me cuenta que su mamá y su papá, costureros de 20 horas por día, decidieron ir por un pedazo de tierra porque ya no aguantan más pagar el alquiler de $800 por las dos míseras piezas del hacinamiento donde viven con sus 5 hijas en la Villa Cildáñez. Dice que el dueño les cobra además $10 por cada día que se atrasan en la renta. "Y encima dice que es cristiano", sentencia. Mónica me cuenta que su madre resistió todas las tinieblas de la noche desde el viernes en la precaria carpa que se armó con sus manos de obrera. Ayer no durmió bajo la lona: se la prestó a otra madre que aguantaba el viento con su niña aferrada al pecho. Y hoy en la clase Mónica nos pregunta a todos, juro que textual: "yo no entiendo porqué la policía en vez de estar defendiendo a la gente se dedica a perseguir y matar a sus hermanos". Aylén ya no tiene miedo. Está acostumbrada porque los domingos recibe el amanecer en La Salada, contando las monedas que le dejó el fin de semana. Siempre callada, hoy se desviste las vergüenzas para explicarnos que no hay robo y sí necesidad. Melisa cuenta que en esos terrenos del Parque hace años que hay olor a muerto. Suele ella encontrar algunos huesos y más de una vez tuvo que escapar del horror de los cadáveres. Varios dicen que sí: todos saben que allí descartan los fiambres chorros y yutas. Ese baldío, cementerio del fin del mundo, es el "espacio público" que los hipócritas dicen defender. Kevin nos cuenta, casi entre lágrimas, que desde su terraza de la villa 20 quiso ver, pero no pudo: lo cegó el humo de la furia y la represión. Los demás escuchan, preguntan, comprenden porque viven igual. En medio de la intensa charla, Nicole se hace una pregunta sincera: "Yo no sé si esa es la manera de conseguir una casa". Y Ariana impecable, vocera de muchos, comparte: "Yo tampoco sé si es la manera, pero lo que es seguro es que no lo hacen porque les gusta si no porque no les queda otra. ¿Qué harían ustedes si no tienen lugar donde vivir con sus familias?". Y vuelvo a jurar que el parlamento es casi textual. Esto es algo de lo que pasó en el aula de quinto de la escuela 15 hoy por la mañana. Y esto es también algo de lo que no pasó: ninguno le echó la culpa a los bolivianos, ninguno se quejó porque sí paga sus impuestos, ninguno temió porque le vayan a ocupar también el Parque Avellaneda, ninguno pensó que hay "vecinos" por un lado y "usurpadores" por el otro, ninguno pidió la policía para sentirse más tranquilo. Eso es todo. Gracias por dejarme compartirlo. Horacio
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